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jueves, octubre 8, 2026

La Tierra tiembla y el Caribe mira hacia fallas: ¿está preparada la República Dominicana?


República Dominicana, ante el riesgo de un terremoto, vuelve al centro del debate tras una serie de movimientos sísmicos registrados durante 2026 en diferentes regiones del mundo, mientras especialistas advierten sobre la necesidad de revisar las normas de construcción, estudiar la respuesta de los suelos y fortalecer la preparación de la población.

La ocurrencia de terremotos de magnitud considerable en distintos puntos del planeta no implica que un evento similar sea inminente en territorio dominicano. Sin embargo, la ubicación de La Española en una región tectónicamente activa mantiene vigente una interrogante: ¿Qué consecuencias tendría un terremoto de gran magnitud si afectara directamente una zona del país con alta densidad poblacional?

Durante 2026 se han reportado movimientos sísmicos de magnitudes elevadas en distintas regiones. Entre los datos recopilados figura un terremoto de magnitud 7.1 en Malasia el 22 de febrero, seguido por otros eventos en el Pacífico.

Cerca de Tonga fue reportado un movimiento de magnitud 7.5 el 24 de marzo, mientras que Vanuatu, en Melanesia, registró otro de 7.3 el 30 de ese mes.

El 8 de junio, el sur de Filipinas, incluida la zona de Mindanao, fue afectado por un terremoto de magnitud 7.8, con reportes de fallecidos, desaparecidos y daños.

Estos casos ponen nuevamente de manifiesto que las consecuencias de un terremoto no dependen exclusivamente de su magnitud. La profundidad del movimiento, su distancia respecto de zonas pobladas, las características del terreno, las condiciones de las edificaciones y la capacidad de respuesta también inciden en los daños.

Otro de los episodios incluidos en los registros recopilados ocurrió el 24 de junio en Venezuela, donde dos movimientos de magnitudes 7.2 y 7.5 provocaron víctimas, heridos, desplazamientos de población y daños a infraestructuras.

Posteriormente se registraron movimientos en México, Colombia e Indonesia. Perú, por su parte, reportó en agosto un terremoto cuya magnitud fue calculada en 6.7 por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), mientras que el Instituto Geofísico del Perú la situó en 7.2.

La sucesión de eventos ha incrementado la atención sobre la actividad sísmica internacional. Sin embargo, la ocurrencia de terremotos en diferentes partes del mundo no constituye por sí sola una predicción de un próximo gran sismo en República Dominicana.

El riesgo responde a sus condiciones geológicas.

La isla de La Española está situada en una zona de interacción tectónica asociada al límite entre las placas del Caribe y Norteamericana. En el territorio existen sistemas de fallas con capacidad para producir terremotos, por lo que la actividad sísmica forma parte de las amenazas naturales que deben ser consideradas en la planificación.

El Servicio Geológico Nacional dispone de información histórica relacionada con los terremotos que han afectado el territorio, mientras que el Centro Nacional de Sismología de la UASD mantiene vigilancia sobre los movimientos que ocurren en el país y zonas próximas.

Entre los eventos sentidos durante 2026, el Centro Nacional de Sismología reportó un movimiento de magnitud 5.1 en el área de isla Saona el 26 de junio y otro de 4.5 en Samaná el 14 de julio. Aunque estas magnitudes están por debajo de las correspondientes a algunos de los terremotos registrados internacionalmente durante el año, los movimientos nos recuerdan que estamos expuestos a actividad sísmica.

La discusión, por tanto, no se limita a determinar cuándo podría producirse un movimiento. También comprende las condiciones de las edificaciones, y la capacidad institucional y ciudadana para responder ante una emergencia.

Osiris de León plantea revisar las regulaciones

El geólogo Osiris de León ha abordado los riesgos derivados de la actividad tectónica y las consecuencias que podría generar un terremoto de magnitud elevada en distintas regiones dominicanas.

Durante la charla “¡La Isla Que Se Mueve!: Terremotos históricos en la Española”, De León explicó que los daños producidos por grandes terremotos alrededor del mundo evidencian las dificultades que enfrentan las sociedades para poder responder a una liberación repentina de energía.

De León, quien se desempeñó como asesor científico del Poder Ejecutivo en Geociencias y Sismicidad entre 2017 y 2020, plantea revisar las regulaciones aplicables a las construcciones y realizar estudios sobre el comportamiento de los terrenos ante las ondas sísmicas.

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Entre las medidas señaladas por el especialista figuran los análisis de respuesta local y la microzonificación sísmica.

La información obtenida mediante esos estudios, explicó, debería incorporarse a la planificación de edificaciones que concentran grandes cantidades de personas o cumplen funciones esenciales durante una emergencia. Entre ellas mencionó hospitales, escuelas, iglesias, plazas comerciales, edificios residenciales, puentes y hoteles.

El suelo modificaría efectos de un terremoto

Las características geológicas del terreno también forman parte del análisis sobre la vulnerabilidad sísmica.

De León utilizó como referencia las construcciones históricas de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, asentadas en áreas de roca caliza. Explicó que, en terrenos rígidos, las ondas sísmicas pueden desplazarse a velocidades que oscilan aproximadamente entre 800 y 1,200 metros por segundo.

Según el geólogo, esas condiciones difieren de las existentes en terrenos donde la energía sísmica puede experimentar una mayor amplificación.

El especialista citó sectores del norte de Santo Domingo y zonas del Cibao, entre ellas Santiago, La Vega y Bonao, para explicar cómo las características del subsuelo pueden modificar la respuesta ante las ondas generadas por un terremoto. “Una mayor amplitud del movimiento puede incrementar las fuerzas que reciben las estructuras, por lo que el tipo de suelo constituye una variable que debe considerarse junto con el diseño, los materiales y la calidad de la construcción”, indicó.

Las edificaciones, otro componente del riesgo

El ingeniero Alejandro De Marchena también llamó la atención sobre problemas que pueden observarse en algunas construcciones.

En declaraciones concedidas para De Último Minuto, De Marchena señaló que determinadas deficiencias se hacen visibles mediante fisuras y grietas en elementos de hormigón, incluso cuando están cubiertos de pintura o impermeabilizantes.

Sostuvo que algunas de estas señales pueden ser ignoradas por ciudadanos o trabajadores de la construcción y advirtió que un fenómeno de intensidad podría poner en evidencia problemas estructurales existentes.

Aunque en sus declaraciones hizo referencia a un “evento atmosférico extraordinario”, dentro del análisis sísmico el estado de las estructuras resulta relevante para determinar su comportamiento ante las fuerzas generadas por un terremoto.

Preparación de República Dominicana frente a una amenaza permanente

Los terremotos registrados internacionalmente durante el año 2026 han reactivado la discusión sobre la preparación de los territorios expuestos a este tipo de amenaza.

Para República Dominicana, la actividad observada en otros países no representa una profecía, pero plantea la necesidad de preparación. La Española se encuentra en una región con actividad tectónica y posee antecedentes históricos de movimientos sísmicos.

Por esa razón, la República Dominicana ante el riesgo de terremotos enfrenta desafíos importantes, que comprende la revisión y aplicación de las regulaciones de construcción, el conocimiento detallado de las características del suelo, la microzonificación sísmica, la evaluación de infraestructuras esenciales y la preparación de la ciudadanía.

La pregunta, entonces, no se limita a cuándo volverá a ocurrir un terremoto capaz de producir daños. El punto central es determinar qué tan preparadas estarán las edificaciones de nuestro país, las instituciones estatales oficiales y la población dominicana cuando se produzca un movimiento sísmico que sea de consideración o gran magnitud.

Santo Domingo concentra población e infraestructura

El análisis adquiere una dimensión adicional en el Gran Santo Domingo por la concentración de habitantes, actividades económicas, instituciones gubernamentales, centros sanitarios, servicios e infraestructuras.

Un terremoto que afecte directamente una zona densamente urbanizada puede producir consecuencias diferentes a las de otro movimiento de igual magnitud ocurrido lejos de centros poblados.

Osiris De León resume esta relación señalando que la magnitud constituye una parte del problema y que el nivel de vulnerabilidad puede tener peso igual o mayor en las consecuencias.

Ese planteamiento coloca la atención sobre la resistencia de las edificaciones, el cumplimiento de las normas, las características del suelo, la preparación de los organismos de emergencia y el conocimiento de la población sobre cómo actuar.

Las lecciones que dejan otros países

Los daños atribuidos a los terremotos en Venezuela durante 2026 sirven como referencia para analizar los efectos que un evento de gran magnitud puede provocar sobre una sociedad.

Las consecuencias incluyeron presión sobre centros hospitalarios, daños y colapsos de edificaciones, afectaciones a carreteras e instalaciones, interrupciones de las comunicaciones y desplazamientos de población.

Escenarios de este tipo explican por qué las políticas de reducción del riesgo sísmico comprenden diferentes componentes: normas de construcción, inspección de estructuras, planificación urbana, simulacros, educación ciudadana y preparación de los sistemas de emergencia.

El objetivo no consiste en determinar una fecha para el próximo terremoto, debido a que actualmente no existe un método capaz de predecir cuándo ocurrirá un sismo de gran magnitud en un lugar determinado.

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