En Newark, Nueva Jersey, una iniciativa de investigadores de Rutgers University-Newark está poniendo el foco sobre un problema que durante años puede avanzar en silencio: el deterioro cognitivo entre adultos mayores afroamericanos que viven en viviendas públicas y subsidiadas.
La magnitud del hallazgo sorprendió incluso a los especialistas. El programa de detección de memoria desarrollado por la Aging & Brain Health Alliance, bajo la dirección del neurocientífico Mark Gluck, encontró que aproximadamente dos tercios de las personas evaluadas presentaban algún grado de deterioro cognitivo.
Payton White, estudiante de doctorado que participa en el proyecto, explicó, según información de CBS News, que el equipo ha evaluado a más de 200 personas y que cerca de 2 de cada 3 mostraron señales que merecen atención. Rutgers, en una publicación reciente sobre la iniciativa, había reportado que durante la primera etapa fueron examinadas 160 personas y que alrededor de 2 tercios presentaban un deterioro de memoria superior al esperado para su edad.
Un problema que puede pasar inadvertido
La investigación no pretende afirmar que todos los participantes padezcan Alzheimer. El deterioro cognitivo puede tener distintas causas y grados, y una prueba de detección no equivale por sí misma a un diagnóstico médico.
Pero el resultado sí encendió una alerta.
Muchos de los adultos mayores examinados viven solos o tienen poco contacto cotidiano con familiares capaces de advertir cambios en su comportamiento. Esa circunstancia puede hacer que los primeros síntomas pasen inadvertidos hasta que interfieran de manera evidente con la vida diaria.
Gluck ha descrito la situación como una emergencia de salud cerebral en Newark. El investigador lleva años estudiando el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer entre afroamericanos, una población que presenta un riesgo considerablemente mayor de desarrollar la enfermedad. Rutgers señala que los afroamericanos tienen más del doble de probabilidades de padecer Alzheimer que la población general.
El dato tiene una dimensión que va más allá de las estadísticas. Para algunas familias, el deterioro comienza con pequeños olvidos y termina transformando por completo las responsabilidades dentro del hogar.
Cuando cuidar a un familiar cambia toda una vida
El impacto aparece con crudeza en los testimonios recogidos alrededor del programa.
Edith Ashford-Clyburn contó que tuvo que mudarse con su madre después de que fuera diagnosticada con demencia a los 92 años. La situación llegó a un punto en el que la familia tuvo que impedirle conducir porque se perdía.
Sarah Paul, por su parte, recordó los últimos años de su madre, quien murió a los 95 años después de casi una década enfrentando Alzheimer. Para ambas, el diagnóstico no representó únicamente un problema médico: significó asumir una nueva realidad familiar marcada por el cuidado, la incertidumbre y el duelo.
Dolores Hammonds, quien dirige un grupo mensual de apoyo relacionado con la iniciativa de Rutgers, resumió ese impacto de manera contundente: las familias comienzan a atravesar un proceso de duelo desde el momento en que reciben el diagnóstico.
Rutgers busca intervenir antes de que sea demasiado tarde
La respuesta de la universidad no se limita a identificar posibles casos. El objetivo es conectar a los adultos mayores con servicios médicos y apoyo comunitario antes de que el deterioro avance de manera significativa.
Rutgers informó que está desarrollando un programa de navegación de salud cerebral mediante el cual estudiantes y colaboradores ayudan a los participantes a concertar citas, trasladarse a clínicas especializadas y comprender los pasos posteriores a una evaluación.
La estrategia también contempla factores relacionados con el estilo de vida. Gluck ha señalado la importancia de programas de ejercicio, un descanso adecuado y recomendaciones sobre alimentación como parte de los esfuerzos para proteger la salud cerebral.
La Aging & Brain Health Alliance trabaja desde hace años con organizaciones comunitarias, centros para adultos mayores, iglesias y comunidades de viviendas públicas. Su enfoque combina investigación, educación y prevención, con especial atención a los adultos mayores afroamericanos del área de Newark.
El reto ahora es convertir la alarma en prevención. Detectar un problema cognitivo temprano no garantiza evitar el Alzheimer, pero puede abrir una ventana para recibir atención, evaluar factores de riesgo y planificar el futuro.
En una ciudad donde muchas personas mayores envejecen lejos de sus hijos o enfrentan limitaciones económicas, esa diferencia puede ser decisiva.
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