Los pasillos son más anchos de lo necesario. Hay bancos en lugares donde normalmente no habría nada, grandes ventanas que permiten ver qué ocurre afuera y un jardín que obliga a los recorridos a cruzarse. En Appleby Blue, un complejo de vivienda social para adultos mayores en Londres, esas decisiones no son decorativas: el edificio fue diseñado para aumentar las oportunidades de encuentro entre sus residentes y reducir el aislamiento sin quitarles independencia.
El proyecto está en Bermondsey, al sur de Londres, y es obra del estudio Witherford Watson Mann Architects para United St Saviour’s Charity, una organización con unos 500 años de historia en el distrito de Southwark.
Appleby Blue abrió sus puertas en 2023 y desde entonces se convirtió en un experimento observado por arquitectos y especialistas en vivienda para adultos mayores. En octubre de 2025 recibió el RIBA Stirling Prize, el reconocimiento anual a la mejor nueva obra de arquitectura del Reino Unido.
Pero lo que distingue al edificio no está en un elemento espectacular de su fachada. Está en una idea bastante más sencilla: ¿puede la forma en que construimos una vivienda hacer que sea más difícil quedar aislado?
Un edificio pensado para provocar encuentros casuales
Appleby Blue reemplazó una antigua residencia de cuidados que había quedado abandonada. En su lugar se levantó un conjunto de 59 apartamentos, según la cifra utilizada por el Royal Institute of British Architects (RIBA), organizados en forma de U alrededor de un gran patio central.
La privacidad sigue siendo fundamental. Cada residente dispone de su propia vivienda y puede desarrollar una vida independiente.
La diferencia aparece cuando abre la puerta. Los arquitectos evitaron, en lo posible, los largos corredores cerrados característicos de muchas residencias. En su lugar aparecen galerías amplias, bancos, plantas y pequeños espacios donde dos vecinos pueden detenerse sin bloquear el paso.
El jurado del RIBA destacó precisamente esa característica: los espacios fueron concebidos para favorecer encuentros fortuitos, conversar con amigos o simplemente sentarse junto a otras personas y observar lo que ocurre alrededor.
No se obliga a nadie a socializar. Se intenta hacerlo más fácil.
Las ventanas también tienen una función
Incluso algunas de las ventanas fueron pensadas desde esa lógica. En la planta baja, grandes ventanales mantienen una conexión visual con la calle y evitan que el complejo quede separado de la vida del barrio. RIBA señala que esta decisión busca conectar a los residentes con el mundo exterior.
Hacia adentro sucede algo parecido. Las viviendas tienen vistas al jardín central y las áreas comunes permiten saber qué está pasando sin necesidad de participar.
Es una diferencia pequeña, pero importante: una persona puede sentarse, leer o tomar algo mientras ve pasar a sus vecinos. Puede conversar o simplemente permanecer sola en un lugar compartido.
Ese equilibrio entre privacidad y contacto social aparece repetidamente en el diseño.
Un jardín en el centro de todo
El corazón de Appleby Blue no es una recepción ni un corredor: es un jardín. Los apartamentos rodean un patio con árboles, plantas y un elemento de agua cuyo sonido puede escucharse desde diferentes partes del edificio.
También existen jardines en las terrazas. Los espacios verdes cumplen varias funciones. Ofrecen lugares para sentarse y caminar, pero también generan actividades que hacen que los residentes coincidan.
La propia organización señala que allí se realizan clases de jardinería y ejercicio, además de otras actividades comunitarias.
Una cocina que no fue pensada solo para cocinar
Otro de los espacios centrales es una cocina comunitaria. La elección tampoco es casual. United St Saviour’s Charity quiso utilizar la comida como una herramienta de encuentro y Appleby Blue se convirtió incluso en sede de un proyecto de investigación sobre cómo cultivar, cocinar y compartir alimentos puede influir en el bienestar y la conexión social de las personas mayores.
Hay, además, salas para actividades y espacios abiertos a personas que no viven en el complejo. Esto introduce otra diferencia respecto de una residencia cerrada: el objetivo es que el barrio también entre al edificio.
Cómo en el “campo”, pero en la ciudad
Appleby Blue está sobre una calle activa de Bermondsey y no en un complejo apartado. Ese punto forma parte del concepto.
United St Saviour’s Charity buscaba que sus residentes pudieran continuar viviendo en el distrito al que pertenecían y mantener su relación con la comunidad. Las viviendas están destinadas a personas de 65 años o más y el modelo prioriza la vida independiente con apoyo disponible cuando sea necesario.
Los departamentos incorporan además elementos de accesibilidad de manera discreta, sin reproducir la estética institucional de una residencia geriátrica. La intención es que el lugar se parezca, ante todo, a una casa.
¿Realmente funciona contra la soledad?
Es la pregunta inevitable y también requiere cierta cautela. Appleby Blue fue diseñado para reducir el aislamiento y favorecer las relaciones sociales, pero eso no significa que exista evidencia suficiente para afirmar que su arquitectura por sí sola elimina la soledad.
De hecho, la organización que administra el complejo busca desarrollar investigación sobre vivienda, bienestar y participación comunitaria para entender mejor estos efectos.
Sí existen, en cambio, indicios sobre cómo se ha desarrollado la vida comunitaria desde su apertura. Después de su primer año, United St Saviour’s Charity informó que 65 personas ya vivían en Appleby Blue y describió actividades que van desde jardinería en las terrazas y cocina hasta encuentros intergeneracionales.
El edificio, por lo tanto, no funciona únicamente mediante su arquitectura. Hay personal, actividades y una organización dedicada a construir comunidad. El diseño intenta facilitar que todo eso ocurra.
Un problema que comienza en la puerta de casa
La idea detrás de Appleby Blue plantea una cuestión que excede a Londres. Gran parte de las viviendas se diseñan pensando en metros cuadrados, accesibilidad, iluminación, eficiencia energética o costos. Mucho menos frecuente es preguntarse cuántas oportunidades tendrá una persona de encontrarse con alguien desde que sale de su apartamento hasta que llega a la calle.
Appleby Blue convirtió esa pregunta en arquitectura. Los pasillos se ensancharon. Aparecieron bancos. El jardín pasó al centro. La cocina se hizo comunitaria. Las ventanas miran hacia donde ocurre la vida y las zonas compartidas quedaron repartidas por el edificio.
Ninguno de esos elementos garantiza que una persona deje de sentirse sola, pero, juntos, intentan conseguir algo más modesto y tangible: que para encontrarse con otro vecino no siempre sea necesario planearlo.
Y esa idea terminó convirtiendo un complejo de vivienda social para adultos mayores en el ganador del premio de arquitectura más importante del Reino Unido.
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