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El pasado de Abelardo De La Espriella: de defender a acusados de narcotráfico en Miami a ser el presidente electo de Colombia

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El abogado Abelardo De La Espriella, quien asumirá la Presidencia de Colombia en el 7 de agosto, enfrenta cuestionamientos por su pasado profesional en Miami, donde representó a clientes vinculados con investigaciones de narcotráfico y lavado de dinero, de acuerdo con una investigación publicada por The New York Times.

El medio estadounidense reconstruyó la trayectoria del próximo mandatario colombiano y señaló que, durante su etapa como abogado en Estados Unidos, se movió dentro del denominado mundo de los “abogados de polvo blanco”: defensores de alto perfil que representan a acusados de narcotráfico latinoamericano y que, en algunos casos, buscan acuerdos con las autoridades estadounidenses para convertirlos en informantes o testigos del gobierno.

De La Espriella contrató a Jorge Luis Hernández, un antiguo narcotraficante colombiano que, según documentos judiciales, ayudaba a abogados del sur de Florida a encontrar clientes relacionados con este tipo de procesos.

El abogado colombiano, que no tenía licencia para ejercer en Florida, abrió una oficina en Miami alrededor de 2013, contrató abogados con autorización local y comenzó a relacionarse con Hernández, quien era conocido por su capacidad para conectar a abogados defensores con personas involucradas en investigaciones criminales.

La investigación periodística señala que Hernández había trabajado como asistente legal en varios bufetes del sur de Florida y que también colaboró con De La Espriella, según tres personas consultadas por el diario. Un abogado de Florida, citado bajo condición de anonimato, aseguró que Hernández se presentaba como asistente del entonces abogado colombiano.

Hernández, según documentos judiciales citados por The New York Times, tenía vínculos con el narcotráfico colombiano y también había sido informante durante años de agencias federales estadounidenses, incluida la Administración para el Control de Drogas.

En esos documentos, admitió haber transportado cargamentos de droga en lanchas rápidas desde Colombia para comandantes paramilitares de derecha antes de convertirse en colaborador de las autoridades.

Investigación sobre el caso Alex Saab

Otro de los principales vínculos que generan cuestionamientos es la relación profesional que De La Espriella mantuvo con el empresario colombiano Alex Saab, acusado por Estados Unidos de participar en un esquema de lavado de dinero relacionado con funcionarios del régimen venezolano de Nicolás Maduro.

De La Espriella ha dicho que Saab lo contrató en 2013 para atender asuntos relacionados con su reputación, luego de que periodistas venezolanos y colombianos cuestionaran cómo un empresario poco conocido había obtenido contratos millonarios con el gobierno venezolano.

Según el abogado, cuando las autoridades estadounidenses comenzaron a investigar a Saab, él le recomendó cooperar y organizó reuniones con agentes federales. Saab finalmente rechazó esa posibilidad y, en 2018, su familia salió de Colombia luego de que autoridades colombianas afirmaran que había sido alertado sobre una posible operación para detenerlo.

De La Espriella afirmó que rompió su relación profesional con Saab en 2019, después de que Estados Unidos lo acusara formalmente y le impusiera sanciones. Debido a su condición de residente permanente estadounidense, aseguró que no podía seguir representándolo legalmente sin una autorización especial.

Un antiguo empleado fue condenado por lavado de dinero

Los cuestionamientos también están relacionados con Hernández, quien años después de trabajar como asistente legal se declaró culpable de lavado de dinero proveniente de cuentas extranjeras vinculadas a Saab.

Documentos judiciales señalan que Hernández y el exprofesor de la Universidad de Miami Bruce Bagley participaron en transferencias por más de $2.5 millones de dólares entre 2017 y 2018. El dinero fue enviado a cuentas estadounidenses y estaba destinado a pagar a abogados de Saab y cubrir gastos relacionados con asesoría legal y reuniones con funcionarios estadounidenses.

Hernández y Bagley se declararon culpables de lavado de dinero en el Distrito Sur de Nueva York.

La oficina de De La Espriella negó que el ahora presidente haya cometido irregularidades y aseguró que nunca fue investigado ni acusado en los asuntos mencionados por el diario.

“El presidente nunca fue investigado ni acusado en ninguno de los asuntos que usted menciona”, afirmó su oficina en un comunicado, en el que agregó que “su conducta como abogado y como ciudadano particular ha sido absolutamente intachable”.

Durante la campaña electoral, la relación entre De La Espriella y Hernández generó polémica en Colombia. Fotografías de ambos circularon y sus críticos lo señalaron como un “abogado de la mafia”, una acusación que él rechazó.

Iván Cepeda, líder opositor derrotado en las elecciones, cuestionó la trayectoria del próximo presidente y pidió explicaciones sobre sus relaciones en Estados Unidos.

“Abelardo De La Espriella ha mantenido una estrecha relación con el paramilitar Jorge Luis Hernández”, afirmó Cepeda, quien también llamó a sus seguidores a organizar una “resistencia pacífica” hasta obtener respuestas.

La “mano dura” contra el narcotráfico

De La Espriella, sin experiencia política previa, construyó durante la campaña una imagen centrada en la seguridad, el combate contra los grupos armados y la lucha contra el narcotráfico.

Tras recibir el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump, fue elegido en junio y prometió fortalecer la cooperación con Washington para enfrentar a los llamados “narcoterroristas”, aumentar las extradiciones de acusados de narcotráfico y apoyar acciones militares contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas.

El próximo mandatario colombiano regresó al país después de años en Miami y modificó su imagen pública: dejó atrás la figura del abogado de trajes de diseñador y adoptó un perfil más cercano al populismo político, con sombrero de paja y camiseta deportiva durante la campaña, indicó NYT.

Sus aliados sostienen que su experiencia enfrentando criminales desde la defensa legal le permite conocer cómo combatirlos desde el Estado. Sus críticos consideran que sus antiguos vínculos profesionales requieren mayores explicaciones.

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