Una llamada que parecía abrirle la puerta a la ciudadanía estadounidense terminó convirtiéndose en una pesadilla para Víctor Hernández, un residente legal que vive y trabaja en El Bronx desde hace más de una década.
Frente a la pantalla de su teléfono, el dominicano esperaba cada nuevo mensaje de quienes creía que eran abogados capaces de ayudarlo. En realidad, había caído en una estafa sofisticada que combinaba inteligencia artificial (IA), suplantación de identidad y una necesidad: regularizar su futuro en Estados Unidos.
Hernández vio en redes sociales un anuncio de un supuesto abogado de inmigración. La promesa era tentadora: conseguir la ciudadanía sin presentar el examen oficial. El precio inicial, según contó a ABC 7, era de $1,500 dólares. Después comenzaron las exigencias. Le pidieron su tarjeta del Seguro Social, su residencia permanente y otros documentos personales. Cada nuevo requerimiento venía acompañado de otro pago, que Hernández enviaba mediante Zelle.
La cifra terminó creciendo hasta $4,820. Solo cuando su esposa advirtió que algo no encajaba, buscaron una segunda opinión. Fue entonces cuando descubrieron el engaño: el anuncio no correspondía al abogado que aparecía en las imágenes. La identidad utilizada pertenecía a Ángel Leal, un abogado de inmigración de Miami que asegura no haber participado en la oferta, ni haber autorizado el uso de su imagen.
Una identidad convertida en herramienta de fraude
El abogado afirma que los estafadores han clonado su identidad para fabricar perfiles y videos falsos, algunos creados con IA. “La mayor parte del tiempo es mi imagen; no es mi voz”, explicó. Según Leal, desde que detectó el problema el otoño pasado, se han eliminado cerca de 8,000 videos o perfiles falsos relacionados con su identidad, aunque considera que esa cifra representa apenas una fracción del problema.
Para el abogado, el fraude no solo golpea económicamente a las víctimas. También erosiona años de trabajo dedicado a una comunidad especialmente vulnerable. Leal asegura que limpiar su nombre se ha convertido prácticamente en un empleo de tiempo completo y que, incluso, tuvo que alertar al colegio de abogados de Florida sobre el robo de identidad.
En el caso de Hernández, el daño fue más allá del dinero perdido. Después de descubrir el fraude, los responsables intentaron exigirle más dinero. El inmigrante presentó denuncias ante el Departamento de Policía de Nueva York y autoridades federales, pero continúa preocupado por la información que entregó. “Tienen todos mis documentos”, dijo. La situación ya afecta sus gastos cotidianos: contó que está atrasado con el alquiler y debe dos meses de electricidad porque destinó sus recursos a la supuesta gestión migratoria.
Cómo evitar una estafa de inmigración
El Departamento de Justicia (DOJ) establece que los abogados autorizados y los representantes acreditados son quienes pueden prestar determinados servicios migratorios; los representantes acreditados, además, deben trabajar para organizaciones reconocidas por el propio DOJ. Los “notarios”, consultores migratorios y preparadores de documentos no están autorizados a ejercer como abogados ante las cortes de inmigración.
Por eso, una imagen convincente, una voz aparentemente real o un video perfectamente producido no bastan para demostrar que detrás de una cuenta existe un profesional legítimo. Antes de pagar, conviene buscar directamente el nombre del abogado en el directorio del colegio de abogados correspondiente y llamar al despacho mediante un número obtenido de una fuente oficial, no desde el anuncio recibido.
También existen señales que deberían encender las alarmas. Una ciudadanía, visa, permiso de trabajo o green card “garantizada” es una de ellas. Otra es la presión para pagar de inmediato mediante Zelle, Cash App, Venmo, criptomonedas o tarjetas de regalo. Pedir documentos sensibles antes de explicar claramente qué servicio se prestará también debe provocar una pausa.
El propio DOJ mantiene listados de organizaciones reconocidas y representantes acreditados, mientras que USCIS ofrece información oficial para identificar y evitar fraudes migratorios. Verificar por cuenta propia la identidad del profesional es una barrera sencilla frente a una tecnología que puede hacer que una mentira parezca extraordinariamente real.
Si el fraude ya ocurrió, la prioridad es detener cualquier pago y cortar el contacto con los estafadores. Después conviene conservar capturas de pantalla, números telefónicos, perfiles, enlaces, recibos y comprobantes de las transferencias. También es recomendable cambiar contraseñas y activar la autenticación de 2 factores si se compartió información que pudiera comprometer cuentas.
En el mundo digital, la confianza también puede falsificarse. Un rostro conocido ya no garantiza autenticidad y una voz convincente tampoco. Para una persona que deposita en un trámite migratorio sus ahorros, sus documentos y la esperanza de construir una vida estable, comprobar quién está realmente al otro lado de la pantalla puede ser tan importante como el propio proceso legal.
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