Descubre qué frutas recomienda la Dra. Amy Morris, investigadora y sobreviviente de cáncer, para combatir la enfermedad de forma natural con base en la ciencia
Cuando una sobreviviente y doctora especializada en cáncer hace recomendaciones de las mejores frutas para combatir esta enfermedad, hay que prestar especial atención, aunque aclara que estos alimentos no sustituyen los tratamientos, pero sí contribuyen.
Se trata de la Dra. Amy Morris, investigadora del cáncer y sobreviviente del mismo, que explica cuáles son las cinco frutas que ayudan a que las células cancerosas mueran.
Tras superar la enfermedad hace 9 años, advierte que la mayoría de los sobrevivientes de cáncer ni siquiera saben que estas frutas deberían estar en la lista.
Así que, ya sea que estés en etapa uno, etapa cuatro, o en algún punto intermedio, este video es para ti. Perderte estas frutas podría significar perderte una de las formas más poderosas y naturales de defenderte contra el cáncer. Eso es algo que ningún sobreviviente debería desaprovechar.
1. Kiwi: Más vitamina C que una naranja
La primera fruta de la lista es el kiwi, que tiene evidencia científica para combatir el cáncer. Entre sus beneficios destaca su fuente de vitamina C, con un estimado de 90 mg por fruta, incluso más que una naranja.
“La vitamina C es un antioxidante potente. Y los antioxidantes neutralizan los radicales libres, que son moléculas inestables en tu cuerpo capaces de dañar tus células. Y las células dañadas… bueno, ese es exactamente el tipo de entorno donde el cáncer prospera”, agrega.
Para Morris, comer alimentos ricos en vitamina C y repletos de fibra, que también contienen otras enzimas y nutrientes que actúan de manera sinérgica, es algo que un suplemento no puede imitar.
Además, el kiwi contiene una molécula específica que se ha investigado por su capacidad para actuar contra el cáncer: inhibe el crecimiento de células cancerosas.
“No estamos hablando de ciencia marginal; hay una creciente literatura científica que analiza este compuesto exacto y sus propiedades antitumorales, especialmente en el cáncer de mama y el cáncer colorrectal”.
Esta fruta es ideal por ser económica, fácil de conseguir todo el año y sencilla de integrar en la dieta diaria.
2. Cerezas: Poder antiinflamatorio y melatonina

Aunque las cerezas suelen ser estacionales, se pueden comprar congeladas ya que conservan el mismo perfil nutricional que las frescas; su contenido antioxidante se preserva mejor al congelarlas inmediatamente después de la cosecha.
Son ricas en antocianinas, que les dan ese color rojo púrpura intenso.
“Las antocianinas no solo son bonitas a la vista; la investigación ha demostrado que tienen propiedades significativas antiinflamatorias y anticancerígenas”.
La clave de estas frutas está en la conexión con la inflamación, pues el cáncer no crece en el vacío; crece en un entorno inflamatorio.
“Cuando tu cuerpo experimenta inflamación crónica, estás creando un ambiente ideal para que el cáncer prospere. Reducir la inflamación es una de las formas más potentes de disminuir tu riesgo”.
Otro de los compuestos de las cerezas es la melatonina, una sustancia promotora del sueño.
“Pero tiene otros beneficios: se ha estudiado su rol en la supresión del crecimiento tumoral”.
Una investigación publicada en la revista científica Oncotarget muestra que la melatonina suprime la proliferación de células cancerosas e incluso puede desencadenar la apoptosis (muerte celular programada), agrega la experta.
Recuerda que cuando estaba en la etapa tres de su diagnóstico de cáncer, las cerezas se convirtieron en parte regular de su merienda nocturna para dormir mejor y apoyar a su cuerpo con ese soporte antiinflamatorio durante la noche.
Una forma sencilla de incorporarlas a la alimentación es añadir una taza de cerezas congeladas a un licuado una vez al día.
3. Bayas (Berries): Las aliadas contra las señales del cáncer
Consideradas una de las frutas más saludables que brinda la naturaleza, la experta respalda que los arándanos, fresas, moras y frambuesas contienen polifenoles muy específicos junto con las antocianinas, con un poder extraordinario: interfieren con las vías de señalización que el cáncer usa para crecer y propagarse.
“Las células cancerosas no son pasivas; envían y reciben señales químicas activamente para crecer. Ciertos compuestos dentro de las bayas interrumpen esas señales. Los investigadores describen esta actividad como antiproliferativa, lo que significa que ralentiza o detiene el crecimiento celular del cáncer”.
Advierte que hay evidencia sólida que conecta el consumo de bayas con menores marcadores de estrés oxidativo, el cual, al igual que la inflamación, es un motor del cáncer.
Destaca que la estrategia correcta no tiene por qué ser complicada; debe ser consistente y específica.
“Una taza de bayas mixtas al día es algo concreto. Frescas o congeladas, ambas funcionan”.
La experta concluye que estas frutas no son una solución mágica, pero sí ” “”están respaldadas consistentemente por la mejor ciencia en la atención del cáncer”.
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