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¿Pensar en otra persona teniendo pareja es infidelidad? Un psicólogo da en el clavo

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El psicólogo César M. Romero, especializado en salud sexual e inteligencia emocional, responde a la pregunta sobre la llamada “infidelidad” de pensamiento

La infidelidad es uno de los conceptos más amplios que puede existir en el mundo de las parejas, debido a sus miles de formas de interpretación. Pero hay una que navega en solitario, de la que quizás todos somos culpables: la “infidelidad” de pensamiento.

Pensar en otra persona, lógicamente teniendo pareja, ¿es un acto de infidelidad? Qué más da el tipo de imágenes mentales, si son sexuales, románticas o casuales, el punto es que no es tu pareja.

El psicólogo y sexólogo César M. Romero, de origen español y especializado en salud sexual e inteligencia emocional, ofrece una respuesta tan simple como directa. Sin la necesidad de nadar en aguas profundas sobre lo que sucede en el hipotálamo o explicar cómo se segregan las hormonas. Él dio en el clavo: “No hay nada más importante que necesite ser libre que la mente humana”.

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El pudor y la moral vs la libertad mental

A esa enriquecedora frase, que libera de culpas a cualquiera, le suma otro factor clave: los acuerdos de pareja. “La fidelidad depende de las normas y pactos a los que haya llegado la pareja”.

Y sigue: “Es el incumplimiento de esos acuerdos lo que marca la infidelidad”. Creo que ninguna persona se casa o formaliza una relación de pareja prometiendo que será fiel hasta en los pensamientos. Y el que llegue a hacerlo, no sabe la enorme carga moral que se está poniendo sobre la espalda.

La impudicia de pensar sexualmente en otra mujer, en otro hombre, sumado al efecto moral de sentirlo como una “infidelidad”, no puede estar por encima de la libertad mental. De hecho, hay matrimonios (malos, evidentemente) donde la única libertad es la mental.

“Nuestras emociones y pensamientos son nuestros y sin embargo a veces, no podemos regularlos, ponerlos en su sitio o comprenderlos”, afirma César M. Romero.

Y luego suelta otra frase que pone en su lugar… Si tienes una silla, mejor siéntate: “Supongo que habrá alguien en el mundo que nunca se haya sentido atraído por otra persona distinta a su pareja, pero yo no la he conocido” (y seguramente tú tampoco).

No eres infiel, eres libre de pensar

Si estás en un centro comercial, sin tu pareja, y miras a un montón de personas atractivas, ¿eres infiel por mirar? Quizás dirías “no, porque los ojos se hicieron para mirar”.

Pero claro, en los ACUERDOS de pareja se firmó el RESPETO, por lo que disimulas tus miradas cuando estás acompañado.

Pues también la mente se hizo para pensar, crear, idealizar, diseñar, imaginar, y nada de eso te hace infiel. Incluso, si la moral te gana y se lo confiesas a tu pareja (no es consejo), eso tampoco te infiel. Un poco tonto, quizás, por haberte buscado un problema gratis, pero infiel jamás.

“Cada pareja y cada persona es libre de poner los límites que quiera, pero si encerramos nuestra relación a salvo de cualquier pensamiento, emoción y fantasía quizás seamos fieles, pero posiblemente nos estemos alejando de nuestra felicidad y del amor”, sentencia el sexólogo.

El otro día me junté con unos amigos y en un juego de confesiones de pareja, una chica le pregunta a su novio: ¿Te has llegado a “tocar” desde que somos pareja? Entre risas le dijo que sí, creyendo en la salud del juego, pero luego ella soltó una pregunta que acabó con todo: ¿Y en quién piensas mientras lo haces?

Siempre que se quede en la mente y no salga de allí, es decir, que no se vuelva un acto real, la palabra infidelidad llevará comillas… “Infidelidad”.

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