Pocas voces del universo conservador han pesado tanto sobre la base de Donald Trump como la de Tucker Carlson. Tras abandonar Fox News en abril de 2023, el presentador montó un podcast de enorme audiencia y conversó, al menos en dos ocasiones, con el entonces precandidato. La primera fue en su residencia en Mar-a-Lago, para una emisión de Fox, y la segunda en la plataforma X, en paralelo al primer debate republicano de agosto de ese año, al cual el magnate decidió no acudir. Meses después, el propio Trump admitió que consideraría a Carlson como compañero de fórmula, y en 2024 este ocupó un horario estelar en la Convención Nacional Republicana.
Sin embargo, la guerra contra Irán fracturó ese vínculo. Desde febrero, el periodista encabeza la disidencia “America First”, convencido de que el conflicto traiciona la promesa de evitar contiendas en el exterior. En marzo, el jefe de Estado lo expulsó verbalmente del movimiento al declarar que “ha perdido el rumbo” y “no es MAGA”, y en abril lo tildó de persona de bajo coeficiente intelectual. Por su parte, el comunicador asegura haber discutido el tema iraní con el presidente unas cincuenta veces en una década, casi siempre en privado, aunque ese dato carece de verificación independiente.
Una votación decisiva para la segunda mitad de Trump
Los ciudadanos estadounidenses acuden a las urnas este martes 3 de noviembre para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado, en los célebres comicios de medio término. De ese resultado depende que el gobernante conserve la mayoría legislativa durante sus dos últimos años de gestión, con lo cual leyes, presupuestos y nombramientos quedarían sujetos al equilibrio parlamentario. En ese contexto, la contienda con Irán, que supera los ocho meses, se ha instalado en el centro del debate.

La alerta de Carlson sobre la Montaña Pica
Carlson publicó ahora un texto según el cual la administración, presionada por Netanyahu, “podría estar a días de lanzar un ataque nuclear contra Irán”. El presunto blanco sería la Montaña Pica, donde la inteligencia israelí sostiene que Teherán retomó el enriquecimiento de uranio. A su juicio, ninguna munición convencional atraviesa 300 pies de granito, de modo que solo quedaría la vía atómica, y cita a un observador informado para señalar que “Bibi llama a Trump al respecto todos los días”.
En su relato, la decisión llegaría hacia el 7 de noviembre y el inquilino de la Casa Blanca “está dudando”, aconsejado por JD Vance y Steve Witkoff, defensores de un pacto. No obstante, el autor vaticina que, tras el primer disparo, “la Tercera Guerra Mundial es inevitable”, y lamenta que Washington haya avanzado dormido hacia ese punto. Remata con un llamado a la ciudadanía global, a la cual considera ignorada hasta ahora.
El Ejecutivo no ha corroborado en público semejante plan, y el escrito carece de documentos o fuentes identificables. Entre tanto, Trump amenaza desde julio con bombardear ese complejo si no se firma un acuerdo.
Under pressure from Israeli prime minister Benjamin Netanyahu, the Trump administration may be within days of launching a nuclear strike on Iran. The target would be Pickax Mountain in central Iran, where Israeli intelligence claims the Iranian government has restarted its nuclear enrichment program. No conventional weapon in the American arsenal can penetrate 300 feet of solid granite to destroy the tunnels where enrichment is supposedly taking place. The only military option is a nuclear strike. Netanyahu has been pushing hard for one. “Bibi calls Trump about it every day,” says an informed observer. Netanyahu is cornered and desperate. After last week’s election results, he can’t form a government unless Trump intervenes directly in Israeli politics and brokers a deal with other parties that gives Netanyahu 61 seats in the Knesset. Otherwise, he is out as prime minister and on his way to ignominy, investigations and possibly jail. Netanyahu must stay close to Trump. He needs this war. To that end, he’s applied maximum pressure to his closest allies in the administration, including Secretary of Defense Pete Hegseth and CENTCOM commander Brad Cooper. Both oppose a negotiated settlement to the war they’ve so grievously mismanaged; both are pushing to restart major combat operations. Secretary of State Marco Rubio and CIA director John Ratcliffe are also following Netanyahu’s lead, as are leaders of the Democratic Party. In a recent meeting on the subject, former president Barack Obama said he opposes the current Iran peace deal being drafted in Doha. The rest of America’s longtime allies in the Middle East are terrified by the prospect of more war. On September 27th, Netanyahu flew secretly to Abu Dhabi to enlist the UAE in his lobbying effort for a final attack on Iran. The Emiratis refused. After eight months of conflict, Gulf economies are teetering. So are global energy and fertilizer markets. They won’t recover soon. Globally, there are a total of about 850 supertankers used to transport oil from producers to the rest of the world. In October alone, 11 of them were badly damaged in Hormuz. At this pace, a global depression is imminent. A nuclear strike would radically accelerate the destruction. Fallout from a ground explosion at Pickax Mountain would contaminate the Persian Gulf, poisoning the water supply for 100 million people. And those are just some of the immediate consequences for the region. The rest of the world is every bit as exposed. No country other than the United States has ever used a nuclear weapon in war. Some would like to. An American nuclear attack on Iran would set a new precedent. The Russians have already told at least two other governments that an American nuclear strike on Iran would free them to use nuclear weapons against Ukraine. Pakistan and India would be tempted to do the same against each other, as would North Korea against Seoul. After the first nuclear strike, World War Three is inevitable. That war would be short and final. We’ve been sleepwalking toward this moment for months. Since February, the administration has quietly rewritten America’s nuclear doctrine to make first use of so-called “battlefield nukes” easier and therefore more likely. No one in Washington in either party seems bothered by this. Now we’re on the brink of it. Close observers say Trump is likely to decide by next weekend whether or not to use nuclear weapons. That would be November 7, six days from now. To his credit, he’s hesitating. At the moment, Trump is listening to his vice president, JD Vance, and to his envoy and friend Steve Witkoff, both of whom argue a deal with Iran can be made. They’re right, though it won’t be simple. The Iranians are famously frustrating to negotiate with under any circumstances, and elements of that government have become more radical since Ayatollah Ali Khamenei and his family were killed in February. After decades of isolation, even relatively moderate Iranian leaders seem confused by how decisions are made in the West. (There is a widespread belief in Tehran, for example, that the United States government controls Israel.) But overall, people who have spoken to decision-makers in Iran say there is consensus there that more war is bad for everyone and a deal is worth making. One group that hasn’t been consulted so far is the global population — the hundreds of millions of people who will be killed along with their children if Trump is pushed by Netanyahu into launching a nuclear strike next week. Now would be the time for them to speak up.
— Tucker Carlson (@TuckerCarlson) November 2, 2026
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Las críticas de proTrump a Carlson
La reacción en el campo conservador llegó de inmediato. Emmanuel Rincón sostuvo que el presentador aborda el asunto a solo dos días de la cita electoral y “aparentemente con el único propósito de perjudicar a los republicanos en las urnas”. De ser veraz lo revelado, añadió, “podría equivaler a traición, exponiendo operaciones militares y poniendo en riesgo a las tropas estadounidenses”. En cambio, si carece de sustento, calificó el gesto como igualmente bochornoso, y concluyó que Carlson “ha cruzado todas las líneas de decencia”.
En ese interín, el excolaborador de Fox, distanciado del Partido Republicano, afirma que tampoco respaldará a los demócratas.
With just two days left before the midterm elections, Tucker Carlson is talking about an alleged U.S. nuclear strike on Iran, seemingly with the sole purpose of hurting Republicans at the polls on Tuesday. If what Carlson is revealing is true, it could amount to treason, exposing military operations and putting American troops at risk. If it is false, it is equally disgraceful, as he is doing so solely to damage Republicans electorally ahead of the election. He has crossed every line of decency.
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) November 2, 2026
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El costo de la guerra con Irán para Estados Unidos
La ofensiva, desatada el 28 de febrero por Washington e Israel, acumula una factura abultada. Un cálculo de CENTCOM difundido por AP, con corte al 16 de octubre, la sitúa en 47.100 millones de dólares, mientras que la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) había estimado unos 38.000 millones hasta el 1 de agosto, con un incremento cercano a 3.000 por cada mes adicional. A ello se suman, según el Inspector General del Pentágono, al menos 18 militares muertos hasta el 30 de junio.
El impacto no se limita al erario. En efecto, el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz encareció el galón de gasolina de 2,98 a 4,52 dólares entre febrero y mayo, de acuerdo con la Universidad de Brown, y empujó la inflación anual por encima del 4 %, un nivel inédito en tres años. Por su parte, la CBO prevé que los precios del primer trimestre de 2027 se ubiquen medio punto porcentual sobre lo proyectado antes del conflicto.
El desgaste se refleja, además, en los sondeos. Reuters/Ipsos midió un respaldo de 31 % a la intervención a fines de agosto, y Marquette halló que 79 % de los adultos juzga que no valió la pena. Entretanto, los demócratas lideraban 44 % a 37 % la preferencia legislativa en septiembre. Pese a haber prometido una campaña de pocas semanas, el mandatario admite ahora que nuevos bombardeos siguen sobre la mesa pasado el 3 de noviembre.
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