Luis Har, sobreviviente argentino-israelí del ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, visitó Lima para presentar 'Rescatado', su libro de memorias sobre los 129 días que permaneció secuestrado. Liberado por el Ejército israelí, el contador del kibutz Urim, convertido hoy en narrador de aquella pesadilla, ofreció además su relato en el colegio León Pinelo. En esta conversación con La República, a tres años de la masacre, repasa su liberación, la confianza rota con quienes trabajaban a diario en su comunidad y la esperanza de que sus nietos conozcan la paz.
-Estuvo 129 días en cautiverio. ¿Cómo mira hoy su liberación?
–Mi liberación fue muy importante. Es lo que me ha devuelto la vida.
También me ha dado la misión de estar contando y haciendo recordar lo que pasó el 7 de octubre. Estaba muy feliz de haber sido rescatado por el ejército israelí y poder haber salido de todo ese infierno que estábamos viviendo sin que haya ningún herido. Esa fue nuestra suerte que ninguno se hirió ni murió en esa noche de nuestra parte.
Y después he sentido que ahí recibí también mi misión de divulgar mi mundo y seguir adelante como vivir aquí y estar aquí y contar lo que ha pasado. La historia de mi libro también es mi historia y yo trato de no hablar de los demás ni de hablar de política.
– ¿Qué hacía en su kibutz antes del ataque?
-Bueno, primeramente yo vivo en otro kibbutz que se llama Urim. Los últimos 40 años yo trabajaba en la contabilidad del kibbutz. Había días que trabajaba 10 horas, 10, 12 horas si era necesario. Yo era encargado de todas las tarjetas de crédito, de los alquileres, de muchas cosas relativas a la contabilidad del kibbutz.
Además yo bailo en grupos de baile, entonces yo siempre iba a bailar y también iba a encontrarme con gente, hacíamos teatro. De modo que mi vida no era solamente el trabajo sino una vida cultural en la cual yo podía desahogar mis necesidades de movimiento y de sociabilidad. Yo estaba haciendo comedias musicales todos los años, una comedia de Broadway, las hacíamos en inglés.
Y esa era mi vida, estar con mis nietos, estar con mis hijos, estar con Clara, mi pareja, y todo lo demás que hacía para enriquecer mi persona.
– ¿Estaba con sus hijas durante el ataque?
–No. Yo estaba en la casa de Clara, que es mi pareja, que había invitado a sus hermanos. El hermano era Fernando, que vive en una ciudad en el centro del país, y la hermana, Gabriela, que vivía en Jerusalén, y ella vino con su hija, Mía, y la perrita, Bela, que siempre estaba con ellos. Y así era que éramos cinco personas de la misma familia que fueron secuestrados durante la mañana del 7 de octubre.
–Henrique Cymerman, destacado analista israelí, sostiene que la percepción de inseguridad tiene un antes y un después del 7 de octubre. Hoy, tras tres años de los ataques terroristas, ¿cómo siente a sus comunidades?
—Yo quisiera decir que no es exacta la pregunta, porque toda la vida en Israel siempre corremos riesgos y hemos sido atacados por el Hamás, todas las semanas con misiles. Sin embargo, pensábamos que estábamos en la frontera mejor cuidada del mundo.
Y seguíamos adelante cultivando la tierra en agricultura, cuidando a los niños, cada uno en su trabajo. Estas comunidades cerca de la frontera no son comunidades de guerra, al contrario, son comunidades que siempre piensan que se puede vivir en común al lado de otro país que sea de ellos. De hecho, recibíamos mucha cantidad de gente de Gaza que venía a trabajar al kibbutz. Trabajaban en la cocina, con las vacas, en la construcción. Personas que durante años vinieron a trabajar y eran parte de la familia del kibbutz. O sea, se les tenía confianza.
Sabíamos que trabajaban bien, recibían su sueldo. El 7 de octubre se rompió algo. Con todo lo que le abrimos nuestra casa, nuestro hogar, les dimos esa facilidad de ganar un poco de dinero para vivir mejor… Son ellos los que han pasado toda la información, los nombres, quién vivía en cada casa, quién tenía una función especial dentro de la comunidad del kibbutz. Y nos han defraudado de una manera tal que yo no puedo confiar en nadie de esas personas que vuelvan a venir a trabajar al kibbutz. O sea, consiguieron el 7 de octubre romper con esa posibilidad de que podamos vivir juntos, cada uno en su país.
Nosotros dimos nuestro corazón, abrimos nuestras puertas. Estamos completamente defraudados.
– ¿Qué cambió el 7 de octubre?
– Cambió la vida de todo el mundo. Lo que la fuerza del terrorismo puede llegar a ser golpea a toda la humanidad. No solamente lo que pasó en Israel, o lo que pasó en el avión hace dos semanas, seguro escuchó. Hay que eliminar todo tipo de terrorismo en el mundo. No se llega a ningún lado con eso.
Queremos vivir en paz, queremos vivir bien. Yo no sé si voy a conseguirlo, pero por lo menos mis nietos que vivan en un mundo mejor.
– ¿Cuál es su sueño para su kibutz y las comunidades?
– Nosotros estamos viviendo el trauma que todavía no pasó a ser post-trauma porque lo estamos viviendo todavía hoy.
Estamos aprendiendo a ver quiénes somos. Porque hubo un cambio tan grande que tenemos que conocernos a nosotros mismos. Los ideales cambiaron.
Nuestra función en el mundo y en el kibbutz también. Entiendo a toda la gente que ha pasado por este trauma y ha pasado cosas terribles, que quizás no puedan volver nunca a su hogar, a su casa, porque cada piedra, cada árbol les puede recordar el secreto de todo. Hoy no puedo decir cuál es mi sueño.
Quiero que podamos vivir en paz, que podamos rehacer el kibbutz, traer cultura, seguir adelante y darle una nueva vida a nuestros conocimientos.
– ¿Qué lo animó a escribir sus memorias?
–Primeramente, no se puede juzgar a ninguno de los que han sufrido el trauma del 7 de octubre. Cada uno sale adelante a su manera. Hay quien decide quedarse en ese pozo, en ese infierno, en esa pena.
Y hay quien decide tratar de salir de eso. Yo trato de dar también en mi libro y en mi forma de ser esperanza, luz, el futuro mejor. Para eso que seamos fe, que es lo que yo digo.
Todas esas cosas es lo que me han mantenido vivo durante el periodo que estuve encerrado por el jamás. Nosotros logramos salir y yo trato de no caer en ese pozo, sino salir adelante. Por eso yo quise estar en movimiento y hablando.
Esa es mi cura. Tengo terror a estar solo en casa mirando televisión. Porque ahí es cuando pienso que van a empezar otra vez todos los pensamientos y volver a revivir todo lo que estuve de una forma negativa.
Porque cuando yo cuento o escribo o hablo con personas, las cosas se hacen de una forma positiva, recordando pero también curando. Así que, ¿qué se le puede decir a esta gente? Con todo el dolor que suceda, no hay nada que pueda justificar la pérdida de un ser querido, de un hijo, un primo, un tío, y en esas circunstancias, porque han sido asesinados por terrorismo. No debemos olvidar lo que pasó el 7 de octubre.
Hay quien trata de modificar, de cambiar, de decir una cosa por otra. El 7 de octubre Hamás penetró a Israel y asesinó gente, niños, animales, perros, gatos, todo lo que estaba en el camino. Sin ningún remordimiento, con odio, maldad.
Han hecho cosas terribles. Pero en el mundo están dando vueltas las cosas. Hasta dicen que no pasó nada el 7 de octubre.
Hay negacionismo, siempre hay algunos que negan las cosas, pero ahí está la información, todo hemos visto lo que ocurrió el 7 de octubre, están las fotos. Por eso es una de las razones que yo escribí el libro, porque esto es un testimonio de lo que me pasó a mí, pero para verificar lo que pasó el 7 de octubre y que nadie debe olvidarlo.
– ¿Sabe algo del paradero de sus captores? En su testimonio dice usted que les vio la cara.
–Durante el periodo de octubre, sí. Solamente uno se tapaba la cara, el resto no.
Pero la información que tenemos es que al principio nos dijeron que habían muerto todos, porque conté, sí escuchó que empezaron a tirar granadas hacia nuestro lado durante el rescate. Los soldados de Israel han tirado para la dirección donde ellos estaban. En abril del 25, hubo dos terroristas que salieron de uno de los túneles con las manos en alto, rindiéndose y solamente con su ropa interior. Uno de ellos ha dicho que él fue el que cuidaba de Luis y su familia. Y a mí se me ha movido el piso, ¿no? Porque de saber que todos están muertos y de ver que uno está vivo, entonces tampoco puedo asegurar qué pasó con los otros.
Y si todos están vivos, con el odio que nos tenían y la maldad que tuvieron y cómo nos trataron, me pongo a pensar qué puede pasar. Y hoy yo sigo adelante, pero no sé. Cuando me preguntan qué pasó con ellos, no sé. Pueden estar vivos o pueden estar muertos.
– ¿Qué siente por sus captores?
– Nada. Ellos han sido criados con una doctrina de odio. Que tienen que dar su vida matando a los judíos. No ven otra cosa, no entienden otra cosa. Pienso que ellos nunca van a cambiar. Puede ser que en algunas generaciones más adelante, si realmente van a recibir una educación de amor, de paz, algo pueda cambiar en las escuelas. Porque de acuerdo a lo que sabemos en las escuelas, se les enseña a los niños que los judíos tenemos cuernos y cola, y somos peor que el mismo diablo. Y eso me lo han contado cuando estuve ahí.
– Antes del 7 de octubre convivían con ellos. ¿No intuyó nada?
– O sea, no con los que vinieron a trabajar. A veces veías uno caminando por ahí y decías, ¿qué hace este aquí? ¿Quién es? Se le preguntaba. Justamente unos días antes, se vio a tres caminando al lado de las vacas. La que trabaja en las vacas viene y le dice, ¿ustedes quiénes son? No estamos viendo porque queremos “algo”. Ahora entiendo que estaban haciendo investigaciones para saber por donde entrar. O sea, hicieron ese tipo de cosas. Una cosa es los que vienen a hacer espionaje y otra es los que durante más de 20 años trabajaron como si fueran parte de nuestro grupo. Hemos recibido a las familias, hemos sido invitados a sus cumpleaños, a sus fiestas, a sus casamientos.
– ¿Ha tenido contacto con alguno luego de su liberación?
–En lo absoluto, no. Tampoco quiero. No es una necesidad. Y desde el momento que se cerró la frontera no tengo por qué buscarlos.
-¿Lo han buscado ellos a usted?
– A mí me han cambiado el teléfono, me han cambiado la carta de seguridad. Todo. Porque ellos tenían todos nuestros datos y podrían seguir. Han molestado a mucha gente. Han llamado a los teléfonos que quedaban y a la familia. Han llamado a amenazarlos de que van a volver a entrar y van a explotar nuestras casas. Así que… Yo estoy desconectado de eso. A mí no me han llamado y no quiero saber nada.
– ¿Había alguno a quien llamaba amigo?
–No, eso se terminó. Si ellos hubieran venido a buscar algo, a decir algo, a disculparse de que no son ellos, expresar solidaridad, no sé. Pero entiendo que son parte de todo porque no han hecho absolutamente nada. No es que buscaron expresarse de alguna forma. Pertenecen al Hamás. Porque el que no pertenece al Hamás en la franja de Gaza fueron asesinados por el mismo Hamás. O sea, ellos, al que no aceptan su ideología, los matan, aunque son sus propios hermanos. Entonces, ¿cómo pretendo yo que hagan la paz conmigo?
– Entonces, ¿cree que es posible la paz?
– Si ellos hacen un cambio en la forma de pensar, puede ser. Espero que se pueda hacer la paz. Yo ya no la voy a ver, pero quizás mis nietos. Ojalá que sí.
#Luis #Har #exrehén #Hamás #liberado #tras #días #Espero #pueda #hacer #paz