En una remota isla volcánica del Pacífico Sur, un árbol que alguna vez formó parte del paisaje natural hoy sobrevive gracias a su único ejemplar. La Dendroseris neriifolia es una especie endémica de la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández en Chile, que enfrenta el riesgo crítico de desaparecer para siempre debido a la degradación ambiental.
Los expertos lograron rescatar sus semillas para ser depositadas en el Banco de Semillas del Milenio en Inglaterra, uno de los mayores centros de conservación vegetal del planeta, donde iniciaron pruebas para asegurar la supervivencia futura de la especie.
¿Por qué el árbol está al borde de la extinción?
La D. neriifolia sufre el impacto de diversas amenazas en su ecosistema. La especie habitaba en zonas bajas de la isla, situada a unos 673 kilómetros de la costa de Chile. Sin embargo, la pérdida de hábitat, la erosión del suelo, los incendios, la presencia de especies invasoras y el pastoreo de animales redujeron de forma drástica su población.

En una expedición realizada en 1980, investigadores localizaron siete árboles de hasta cinco metros de altura. Hoy solo permanece uno, bajo vigilancia de guardaparques de la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF).
¿Cómo buscan evitar su desaparición?
El último ejemplar crece sobre un acantilado escarpado y cuenta incluso con un sistema de cuerdas para evitar su caída. Cada temporada de maduración, equipos especializados acceden al lugar tras varias horas de desplazamiento y ascenso por terrenos volcánicos de difícil acceso.

"A través de este proyecto, esperamos poder producir más semillas de las plantas que tenemos creciendo ahora una vez que alcancen la edad de floración", dijo Alice Hudson, la responsable de asociaciones del Banco de Semillas del Milenio.
Los investigadores esperan que las nuevas plantas alcancen la madurez, produzcan más semillas y permitan futuras acciones de restauración en dicha isla de Chile.
¿Cómo se obtuvieron las semillas?
La recolección de las semillas requiere una operación cuidadosamente planificada. Para llegar hasta el ejemplar se necesitan unas cuatro horas de viaje y otras dos horas de ascenso por el terreno rocoso y volcánico de la isla. Una vez allí, los guardaparques esperan hasta marzo, cuando las semillas alcanzan la madurez, para recogerlas directamente de las ramas con flores.
Según Alice Hudson, responsable de asociaciones del Banco de Semillas del Milenio de Kew Wakehurst, la técnica puede variar dependiendo de la altura del árbol. Lo ideal es recolectar las semillas cuando se desprenden de manera natural. En esos casos, se pueden emplear métodos más sencillos, como lanzar una cuerda sobre una rama y sacudirla cuidadosamente para hacer caer las semillas.
Cuando el árbol es demasiado alto o sus ramas resultan difíciles de alcanzar, la escalada continúa siendo la principal alternativa. Sin embargo, los investigadores consideran que los drones podrían convertirse en una herramienta útil en el futuro para facilitar la recolección de semillas en ejemplares ubicados en lugares de difícil acceso.
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