Un total de 4,257 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) han sido diagnosticados con cáncer y 12,161 padecen al menos una enfermedad crónica atribuida a la exposición de toxinas en la Zona Cero.
A un cuarto de siglo de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, las secuelas de aquella tragedia continúan cobrando vidas en el cuerpo de rescate, donde más de 600 miembros han fallecido en las últimas dos décadas debido a complicaciones de salud física y mental adquiridas durante las labores de salvamento en los escombros del World Trade Center.
Entre las víctimas sobrevivientes se encuentran figuras como el extécnico de emergencias Joe Conzo, quien tras superar un cáncer de hígado y otro de páncreas acumula siete años en remisión, y el exinstructor Izzy Miranda, operado de la nariz y diagnosticado con apnea obstructiva por la inhalación de químicos .
Ambos rescatistas recuerdan con nitidez la masiva nube de polvo que envolvió el Bajo Manhattan tras el colapso de las Torres Gemelas, un ambiente que las autoridades ambientales de la época catalogaron erróneamente como «seguro» tras los monitores iniciales de aire y agua.
El balance médico actual del FDNY detalla que 10,562 integrantes certifican afecciones físicas permanentes en sus vías respiratorias y unos 4,496 reciben asistencia especializada por trastornos de salud mental.
Para la dirigencia sindical y los sobrevivientes del 11S, el paso de los años no disminuye el impacto de la catástrofe; la identificación de restos humanos y el posterior desarrollo de tumores agresivos o patologías respiratorias mantienen abierto el duelo colectivo en los cuarteles de bomberos neoyorquinos.
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