Una averiguación sobre la muerte de cuatro personas detenidas en Rikers Island esta primavera dio a conocer un patrón de supervisión negligente por parte de los oficiales penitenciarios, incluyendo varios que omitieron hacer las rondas obligatorias, abandonaron sus puestos de trabajo por mucho tiempo o llevaron registros inexactos.
El informe publicado por la junta de supervisión de la cárcel de la ciudad describió una situación de la prisión que ya es conocida: un departamento en crisis, donde incluso medidas de seguridad básicas, como que un funcionario recorra las unidades y supervise a los reclusos, se ignoran. La junta tiene un año informando sobre problemas similares en otros documentos sobre muertes bajo custodia.
A inicios de 2026, un juez federal que supervisa las cárceles de la ciudad nombró a un administrador de rehabilitación con amplia autoridad para hacer que el Departamento Correccional cumpla con las órdenes judiciales vigentes desde hace tiempo. En su primer plan, presentado en el mes de julio, el administrador escribió que el departamento cuenta con dificultades para hacer funciones correccionales básicas, como dotar de personal a los puestos y garantizar la seguridad de las unidades de alojamiento.
La vocera Annais Morales dijo en un comunicado que el Departamento Correccional revisará el informe y las recomendaciones.
El informe reúne las muertes de Barry Cozart, de 39 años; John Price, de 49; Rajpattie Ramkellawan, de 41; y Umais Khan, de 40. Al menos ocho presos han muerto bajo la custodia del Departamento de Correcciones este año.
“Los informes de defunciones que la Oficina de Correcciones ha emitido en los últimos años señalan un patrón trágico: los agentes a menudo abandonan sus puestos para reunirse con otros agentes y, cuando están de servicio, no cumplen con su responsabilidad más básica de verificar que las personas a su cargo estén a salvo”, expresó el cofundador de Freedom Agenda, Darren Mack, que es un grupo que lleva mucho tiempo presionando para que se cierre definitivamente la cárcel de Rikers Island.
En el documento, la Junta Correccional de la ciudad constató que, en vez de recorrer las áreas de alojamiento y supervisar a los detenidos, los agentes se limitaban a echar vistazos rápidos por medio de las ventanas de las celdas o simplemente verlos desde su escritorio, informó Gothamist.
En algunos casos, los funcionarios de planta abandonaron sus puestos y la zona quedó sin supervisión. Esto tuvo lugar una vez por más de una hora. En una unidad, el dispositivo que los agentes debían utilizar para registrar sus rondas permaneció dañado por al menos dos días.
Asimismo, la junta se percató de problemas con los auxiliares de observación, personas bajo custodia encargadas de vigilar posibles signos de riesgo de suicidio y que deben recorrer las unidades al menos cada 10 minutos. En una unidad, un auxiliar no hizo ninguna ronda en la noche y, en cambio, ayudó a salir de sus celdas a los detenidos luego del cierre nocturno. En otra situación problemática, un auxiliar compartió medicamentos con otros reclusos.
Es probable que el consumo de drogas no autorizadas haya influido en tres de las cuatro muertes.
Un hombre murió por los efectos combinados de la metadona y la gabapentina, ninguna de las cuales le había sido recetada por los médicos del reclusorio, indicó el informe. En los otros dos casos, las causas de muerte todavía están pendientes.
En el primer caso, una mujer fue grabada en video triturando e inhalando pastillas de otras personas la noche previa a su muerte. En el segundo, el informe de toxicología preliminar de un hombre dio positivo por opiáceos y metadona, aunque había estado recibiendo esta última a través de la cárcel.
Se determinó que los oficiales no lograron controlar el consumo de drogas. En un caso, de acuerdo con el informe, los detenidos se pasaron lo que parecían ser estupefacientes delante de los ojos de los agentes. En otro, en medio de la distribución de medicamentos, nadie verificó que las personas a quienes se les habían recomendado estos fármacos los hubieran consumido.
Al final, el documento describe una deficiencia en la atención médica necesaria para los reclusos. En un caso, un funcionario acompañó a una clínica a un detenido con una cardiopatía que parecía tener dificultades para respirar. Esperó tres horas y media antes de que lo atendiera un médico. La junta determinó además que el personal penitenciario nunca informó al equipo médico sobre el estado crítico del sujeto. Posteriormente, fue examinado y trasladado en ambulancia al Hospital Elmhurst, donde murió a la mañana siguiente de una neumonía.
En una respuesta adjunta al informe de la junta, el Departamento de Correcciones dijo que no podía responder de forma sustancial a las conclusiones de la junta mientras el fiscal general del estado o el Departamento de Investigación de la ciudad todavía estuvieran tras las pesquisas de las muertes.
Los Servicios de Salud Penitenciaria señalaron que colaborarían con el sistema penitenciario para crear un protocolo que permita transmitir las llamadas de emergencia médica al personal clínico.
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