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Julián Román, Carla Baratta y Ángela Cano hablan del nuevo Macondo de “Cien años de soledad”

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El elenco explica cómo construyó a los gemelos Buendía, Fernanda del Carpio y Petra Cotes en una historia marcada por el progreso y la decadencia

Un actor que debe hacer visibles dos vidas bajo un mismo rostro; una mujer educada para imponer en Macondo un orden que ya no existe; otra que descubre que no necesita buscar a su personaje fuera de sí. En la videoentrevista que encabeza este artículo, Julián Román, Carla Baratta y Ángela Cano cuentan cómo construyeron a José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo, Fernanda del Carpio y Petra Cotes, cuatro figuras decisivas de la segunda parte de “Cien años de soledad”.

La conversación presenta el relevo de elenco como algo más que una sustitución generacional. Mientras los fundadores envejecen y Macondo pierde el aislamiento, los nuevos personajes reciben el tren, la prosperidad, la compañía bananera y la violencia política. Román trabaja con dos hermanos que comparten rostro; Baratta, con una mujer ajena a los códigos Buendía; Cano, con una libertad que llega desde fuera.

Como adelantó El Diario NY al presentar el tráiler de la segunda parte, los primeros siete episodios están disponibles en Netflix desde el 5 de agosto de 2026. El gran final, concebido como un capítulo especial cercano al largometraje, llegará el 26 de agosto. La entrega cubre aproximadamente medio siglo: retoma a la familia después del armisticio del coronel Aureliano Buendía y avanza hasta el deterioro final de Macondo.

El nuevo reparto asume la continuación de una primera parte que presentó en pantalla a los fundadores del pueblo y al joven coronel Aureliano Buendía y obtuvo tres Premios Platino en 2025. Pero la dificultad no se limita a mantener el parecido físico con quienes interpretaron las versiones jóvenes. Se trata de fijar rostros, movimientos y voces para personajes que millones de lectores han imaginado durante décadas.

Tres procesos actorales para entrar a Macondo

Esa responsabilidad toca uno de los problemas históricos de la adaptación. García Márquez temía que los actores reemplazaran las imágenes que cada lector había construido y por eso se resistió durante años a ceder la novela para una adaptación en formato audiovisual. El escritor llegó a admitir la posibilidad de un serial televisivo, aunque no la de una película convencional. La serie elimina inevitablemente aquella indeterminación; el trabajo del elenco consiste en evitar que los personajes se conviertan en ilustraciones rígidas del libro.

La videoentrevista reúne tres respuestas diferentes a ese desafío. Román parte de la continuidad con los gemelos jóvenes y busca el momento en que sus personalidades se separan. Baratta nos contó que construyó a Fernanda desde el control del cuerpo, la voz y la mirada. Cano sigue el camino contrario: en lugar de transformarse por completo, reconoce en su propia historia parte de la tierra, la sensualidad y la libertad de Petra Cotes.

El resultado es una conversación sobre actuación y pertenencia. Los gemelos cargan con nombres que quizá intercambiaron durante la infancia y que de por sí ya cargan con una carga de destino; Fernanda llega a una familia cuyos códigos no comprende; Petra entra al pueblo sin depender de la legitimidad de los Buendía.

Julián Román: distinguir a los gemelos “más allá del bigote”

José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo son hijos de Arcadio y Santa Sofía de la Piedad. En la novela son tan parecidos que ni su madre consigue distinguirlos y queda abierta la posibilidad de que hayan cambiado sus nombres durante los juegos de la infancia. En la serie, sus versiones adultas comparten además al mismo intérprete. El vestuario, el maquillaje y los efectos podían reunirlos en pantalla, pero no bastaban para convertirlos en dos personas.

Román explica en la entrevista que el trabajo comenzó con lo que habían establecido los actores de las versiones jóvenes. Había que conservar sus semejanzas y encontrar el punto en que cada hermano adquiría una energía propia, “más allá del bigote”. Según el actor, detrás del doble papel hubo más de 2,000 personas entre producción, vestuario, maquillaje y las distintas áreas que debían hacer encajar ambas trayectorias.

La dimensión del proyecto no eliminó la incertidumbre. Cuando Román llegó por primera vez a la casa de los Buendía en el set, recuerda que pensó: “¿En qué me metí? ¿Qué voy a hacer? No tengo ni idea por dónde voy a arrancar”. La respuesta surgió del trabajo colectivo y de comprender que la diferencia entre los hermanos debía aparecer en sus silencios, impulsos y formas de relacionarse con un Macondo que cambiaba.

Aureliano Segundo se entrega a la fiesta, comparte con Petra Cotes una prosperidad extraordinaria y mantiene su matrimonio con Fernanda del Carpio. José Arcadio Segundo queda ligado al ferrocarril, a los trabajadores de la compañía bananera y a una masacre que el pueblo intenta borrar. Su historia conecta la ficción con la huelga contra la United Fruit Company y la matanza ocurrida en Ciénaga en diciembre de 1928. Las demandas de los trabajadores tuvieron delegados de 15 sindicatos entre sus firmantes y el respaldo de miles de personas.

José Arcadio Segundo (Julián Román) se une a los trabajadores de la compañía bananera, uno de los episodios políticos centrales de la segunda parte.
Crédito: Netflix

Los gemelos no funcionan como opuestos mecánicos. Ambos heredan la obstinación y la soledad de la familia, pero toman decisiones distintas frente al progreso. Aureliano Segundo intenta prolongar la abundancia; José Arcadio Segundo queda encargado de sostener una memoria que los demás niegan. El mismo rostro hace más visible la distancia que se abre entre ellos.

Carla Baratta: Fernanda como una presencia ajena

Carla Baratta partió del contraste. Fernanda del Carpio fue criada bajo una idea rígida de religión, decoro y linaje, y llega a la casa Buendía con la pretensión de trasladar ese orden a un mundo que funciona de otra manera. La actriz y los directores Laura Mora y Carlos Moreno buscaron que la distancia pudiera percibirse antes de que el personaje explicara quién era.

Carla Baratta como Fernanda del Carpio de pie dentro de la casa Buendía
Carla Baratta interpreta a Fernanda del Carpio, una presencia marcada por el orden y el contraste con los códigos de la familia Buendía.
Crédito: Netflix

La postura, el modo de caminar, el tono de voz y la mirada fueron decisiones centrales. Baratta define a Fernanda como “la antítesis de todo lo que es ser un Buendía”: frente a la naturalidad y la espontaneidad de la familia, ella parece medir cada gesto. Esa rigidez puede hacer que se le lea únicamente como antagonista, pero la actriz buscó algo menos simple: una mujer educada para ocupar una posición que la realidad ya no puede sostener y que se aferra al control mientras pierde autoridad sobre su entorno.

Baratta tampoco llegó al rodaje con una versión cerrada. En la conversación cuenta que Fernanda se fue construyendo a partir de las escenas y de lo que recibía de sus compañeros. “Fue un proceso que no terminó hasta el último día de rodaje de Fernanda”, afirma. Ese descubrimiento progresivo permite que debajo del decoro aparezcan el miedo, la frustración y la necesidad de pertenecer a una casa que nunca termina de aceptarla por completo.

Ángela Cano: encontrar a Petra Cotes dentro de sí

Ángela Cano recibió una indicación aparentemente opuesta. Durante un ensayo, Laura Mora le dijo: “Tú, es que Petra Cotes eres tú”. La frase la desconcertó porque entendía la actuación como la posibilidad de convertirse en otra persona. Después comprendió que no se trataba de interpretarse a sí misma, sino de buscar dentro de su experiencia los elementos desde los cuales podía crecer Petra.

La actriz describe esa preparación como un viaje de autoconocimiento. También visitó San Basilio de Palenque, porque imaginó que Petra podía proceder de poblaciones de ese entorno cercano a Cartagena. La novela no establece ese origen y Cano no pretende convertir su hipótesis en un dato canónico. El viaje le sirvió para preguntarse qué memoria corporal, qué arraigo y qué visión del mundo llevaba el personaje consigo al llegar a Macondo.

Ángela Cano como Petra Cotes junto a Julián Román como Aureliano Segundo en Cien años de soledad
Petra Cotes (Ángela Cano) acompaña a Aureliano Segundo (Julián Román) en la segunda parte de “Cien años de soledad”.
Crédito: Netflix

Petra aparece así como una mujer con “otra ideología, otra forma de pensar”, más libre de los pesos sociales de quienes la rodean. Su relación con Aureliano Segundo está asociada al deseo y a una abundancia casi milagrosa, pero su lugar en la historia no se agota en ser la amante. Después del diluvio, permanece a su lado cuando el dinero y el prestigio han desaparecido, sin necesitar el reconocimiento de la casa Buendía.

Fernanda y Petra suelen quedar enfrentadas por su relación con Aureliano Segundo: esposa y amante, legitimidad y deseo, control y libertad. Escuchar a Baratta y Cano permite mover esa oposición. Cada actriz construye a una mujer que intenta conservar algo propio mientras la familia y el pueblo se descomponen. Ninguna cabe entera en la función que el árbol genealógico le asigna.

Cuatro personajes frente al costo del progreso

La llegada del tren reúne las líneas de la entrevista. En Macondo promete progreso y abre la puerta a la explotación, la injusticia social y la compañía bananera. Román dice que esos episodios se sienten “como si Gabo lo hubiera escrito hace dos años”, aunque la novela apareció en 1967.

La dimensión política no existe separada de los personajes. José Arcadio Segundo conserva la memoria de los trabajadores; Aureliano Segundo sostiene el exceso; Fernanda se refugia en un orden aprendido; Petra defiende una libertad fuera de las reglas familiares. La historia entra a la casa Buendía y se vuelve cuerpo, deseo, miedo y decisiones.

Escucharlos juntos revela tres procesos que conducen a Macondo hacia su final: Román divide un rostro en dos destinos; Baratta hace visible que Fernanda llega desde otro mundo; Cano reconoce a Petra dentro de sí.

Crédito: Netflix

Fuente Informativa


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