Santo Domingo, RD. – La evolución del proceso judicial por la muerte del joven Albert de Jesús Aracena Núñez ha tomado un giro definitivo tras la imposición de 18 meses de prisión preventiva contra los propietarios del establecimiento comercial «La Piscina New York», ha arrojado luz sobre los escabrosos detalles de este suceso, destacando que el clamor popular no responde únicamente a la pérdida de una vida, sino a un indignante entramado de abuso, ocultamiento y burla social.
La indignación colectiva que rodea este caso se ha encendido de manera particular por las circunstancias de extrema desigualdad y vulnerabilidad de la víctima. Según expuso García, la condición física y de salud mental de Albert agrava profundamente la naturaleza del crimen.
«Este caso ha generado tanta indignación social no es solo por el hecho de la desaparición física de Albert. sino la condición de ‘loquito viejo’ que agrava el crimen, porque es un abuso. Estamos hablando de un tipo alcohólico… que pesaba 110 libras, estaba en los huesos. A ese tipo tú lo agarrabas por un brazo y tú lo neutralizabas», manifestó de forma categórica el periodista durante el espacio radial.
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Para la opinión pública, el hecho de que se empleara una violencia letal contra una persona en tal estado de indefensión constituye un acto inadmisible de cobardía que ha conmovido a Múltiples comunidades.
Cinismo y ocultamiento: la burla que colmó la paciencia del pueblo
El expediente presentado por el Ministerio Público devela un perturbador esfuerzo por parte de los acusados, los hermanos Iván Arias Espinosa y Yosilda Báez Espinosa (Yossi) , para encubrir el homicidio y evadir la acción de la justicia. De acuerdo con las investigaciones, tras estrangular a la víctima en el patio trasero del local la noche del martes 4 de agosto, Iván Arias ocultó el cuerpo y el motor en el que se transportaba el joven. Horas más tarde, simuló un ahogamiento lanzando el cadáver de regreso a la piscina.
Posteriormente, los imputados escondieron los restos en un congelador utilizando cinco sacos de cal comprados por Yosilda, desmantelaron la motocicleta y finalmente sepultaron el cuerpo en una fosa. Durante los días siguientes, y mientras el cadáver permanecía oculto, ambos sospechosos fingieron colaborar activamente con la angustiada familia de Albert y ofrecieron declaraciones cínicas a la prensa negando cualquier conocimiento del desfile del joven.
García comparó la frialdad de este procedimiento con otros casos emblemáticos de la crónica policial dominicana, señalando que, además del homicidio en sí, lo que ha generado una repulsa masiva es «la burla a la familia, a la justicia ya la sociedad» por parte de quienes borraron las grabaciones de seguridad afirmando con frialdad que las cámaras no funcionaban.
Testimonios clave y dictamen judicial
El avance del proceso penal ha sido posible en gran medida gracias a la presión social, el ejercicio periodístico y las pruebas irrefutables presentadas por las autoridades, entre las que sobresalen los testimonios de dos empleadas del negocio: la encargada de cocina, Anadelia García Crisóstomo, y la cajera, Germani Correa Crisóstomo. Ambas declaraciones resultaron cruciales para desmantelar la coartada de los acusados al detallar los movimientos inusuales y de extrema sospecha que observaron en el establecimiento desde tempranas horas de la mañana del miércoles 5 de agosto.
Ante la gravedad de las imputaciones, que incluyen homicidio agravado, ocultamiento de cadáver y obstrucción de la justicia para Iván, y complicidad y ocultamiento de cadáver para Yosilda, el tribunal dictó la medida de coerción extrema declarando el caso complejo. Iván Arias Espinosa cumplirá los 18 meses de prisión preventiva en el Centro de Rehabilitación de la Isleta, en Moca, mientras que Yosilda Báez Espinosa lo hará en el centro de rehabilitación conductual de mujeres en Salcedo, provincia Hermanas Mirabal.
La tensión social en las afueras del tribunal durante el conocimiento de la medida evidenció la indignación reinante, donde multitudes enardecidas exigieron justicia de manera vehemente y bajo un estricto cordón de seguridad policial. Este caso, que de no haber sido por el escrutinio público y la firmeza de las autoridades habría quedado en la impunidad, se perfila como uno de los procesos judiciales más seguidos y condenados por la sociedad dominicana debido al desgarrador abuso de poder y desprecio por la dignidad humana que en él se evidencia.
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