Plásticos y antiadherentes liberan sustancias vinculadas al cáncer. Aprende a identificar los riesgos en tu cocina y sustitúyelos con alternativas seguras.
En alimentación, es tan importante qué comemos, como lo cocinamos y en qué lo cocinamos. Los expertos hacen énfasis en que al menos hay sustancias tóxicas que la Organización Mundial de la Salud ya clasifica como cancerígenas o probablemente cancerígenas que se usan en la cocina sin darnos cuenta: envases plásticos y sartenes antiadherentes.
Sin caer en alarmas, la doctora Camila Veller ofrece consejos prácticos para evitar la exposición a esos tóxicos y bajar el riesgo de cáncer, además de un protocolo práctico de 7 días para eliminar esos tóxicos de tu casa de forma simple, accesible y, sobre todo, realista.
El plástico en contacto con tu comida: el riesgo silencioso
La evidencia científica es clara con el uso de plástico y su contacto directo con los alimentos. En el mercado hay una variedad de productos y envases ligados a la alimentación que desprenden micropartículas que terminan en nuestro cuerpo.
Los envases reutilizables, las botellas plásticas para tomar agua, el papel film para envolver o congelar alimentos, los recipientes donde guardamos las sobras y ciertos utensilios de cocina hechos de plástico negro reciclado (como cucharas, espátulas o cucharones) son algunos de los productos de plástico que están en contacto con los alimentos.
Ftalatos, BPA y PVC: así alteran tus hormonas
Un dato clave es evitar los plásticos que contengan sustancias como el BPA, los ftalatos y el PVC, así como los utensilios negros, ya que “estos compuestos actúan en nuestro cuerpo como disruptores endocrinos potentes; es decir, en otras palabras más sencillas, alteran las hormonas y varios de ellos son probablemente cancerígenos”.
Veller advierte que la OMS y diversas agencias reguladoras bajaron drásticamente los límites permitidos de estas sustancias en los últimos años, “porque se ha demostrado que migran a la comida y al agua, especialmente cuando el plástico se calienta, se raya o con el propio desgaste cuando se los usa muchas veces”.
Se trata de una medida tardía según Veller, tal como ocurrió “históricamente con el cigarrillo, el plomo en las pinturas o el asbesto en el talco: se usaron durante años como seguros hasta que la evidencia acumulada fue irrefutable y el daño ya estaba hecho”.
El riesgo está en el uso diario al guardar la comida caliente, poner una tapa de plástico sobre un plato que va al microondas o usar una botella que ya tiene rayones.
“Esas sustancias se desprenden y pasan a la comida. Imagínate esto ocurriendo todos los días, acumulándose en tus tejidos. Con el tiempo no solo te inflaman, sino que alteran el equilibrio hormonal y el metabolismo”, explica.
La evidencia científica señala que estos materiales “aumentan el riesgo de cánceres que son sensibles a cambios hormonales, como mama, próstata y tiroides”.
Utensilios de plástico negro: el peligro oculto del reciclaje electrónico

Para Veller es clave estar atentos a las espátulas, cucharas y recipientes de plástico negro reciclado, ya que, aunque durante años se creyó que eran iguales a cualquier otro utensilio de cocina, “estudios recientes encontraron que muchos de estos productos tenían niveles altos de bromo y el 85% contenía retardantes de llama altamente tóxicos, algunos en concentraciones hasta 100 veces por encima del límite permitido en Europa”.
El problema es que estos químicos “vienen muchas veces del reciclaje de carcasas de televisores, computadoras y aparatos electrónicos viejos. El más conocido es el DecaBDE, un retardante de llama que ya está prohibido o muy restringido en varios países porque se relaciona con alteraciones hormonales, problemas de tiroides, fertilidad y mayor riesgo de ciertos cánceres”.
El riesgo se presenta cuando se usan este tipo de utensilios sobre el fuego o comida caliente, ya que parte de esos compuestos migran hacia los alimentos y, al ser químicos persistentes, se van acumulando en el cuerpo con el paso de los años, con efectos potencialmente catastróficos en tu salud.
¿Cómo sustituirlos?
La manera más práctica es usar vidrio para almacenar o calentar alimentos (frascos y botellas), acero inoxidable para tomar o guardar líquidos, silicona alimentaria de alta calidad si quieres congelar un alimento, o envoltorios de cera de abeja para reemplazar el film plástico.
Y si tienes espátulas o cucharas de plástico negro, el momento de cambiarlas es ahora: reemplázalas por acero inoxidable, madera, bambú o silicona alimentaria certificada.
Teflón y sartenes antiadherentes: los “químicos eternos” en tu plato

Otro de los tóxicos en la cocina que durante años fueron considerados seguros —y que en la actualidad la ciencia dice lo contrario— es el famoso teflón.
La sustancia problemática en estos productos se llama PFAS (o más específicamente PFOA). Estas sustancias también son conocidas como químicos eternos porque no se degradan ni en el medio ambiente ni en nuestro cuerpo.
El riesgo de usar ollas y sartenes con este tipo de material es que el PFOA está clasificado como cancerígeno para humanos (Grupo 1) según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS.
En términos sencillos, hay evidencia suficiente de que puede causar cáncer en personas, tomando en cuenta que es la clasificación oficial más alta que otorga la IARC.
Los sartenes antiadherentes liberan partículas que pueden “generar alteración epigenética e inmunosupresión; es decir, causar daño a nivel genético y bajar nuestras defensas contra el cáncer. De hecho, estos productos se relacionan con tumores malignos de testículo y riñón”.
El riesgo del uso diario
Veller explica que cada vez que una sartén se calienta por encima de los 260 °C —usualmente para freír un huevo o cocinar carne—, se liberan gases al aire y se impregnan en los alimentos, en especial si la sartén ya está rayada o desgastada. Al tratarse de químicos eternos, se van acumulando en la sangre y en los órganos con el paso de los años.
Opciones saludables para cocinar sin toxicidad
En su lugar, recomienda usar sartenes libres de PFAS (PFAS free), o cocinar en ollas de hierro fundido, acero inoxidable de buena calidad o cerámica sin recubrimiento antiadherente.
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