De repente, acaba de pasar una tormenta. Las calles están empapadas, el viento comienza a perder fuerza y, cuando sales de casa, descubres algo que parece imposible: hay decenas de pequeños peces esparcidos por el suelo. Algunos incluso se mueven, como si acabaran de salir del agua. No hay ningún río desbordado a la vista y, aparentemente, tampoco existe una explicación para lo ocurrido.
Por extraño que resulte, escenas parecidas se han descrito en diferentes lugares del mundo durante siglos. Son las llamadas lluvias de peces, un fenómeno tan desconcertante que durante mucho tiempo se relacionó con intervenciones divinas, presagios y acontecimientos sobrenaturales.
Pero ¿pueden realmente caer peces del cielo? La respuesta requiere distinguir entre lo que sabemos que puede hacer la atmósfera y lo que todavía no se ha conseguido demostrar en muchos de estos episodios.
¿Cómo puede una tormenta levantar peces del agua?
Una de las explicaciones más conocidas tiene que ver con las trombas marinas, columnas de aire en rotación que se desarrollan sobre una superficie de agua. Su apariencia puede recordar a la de un tornado, aunque no todas se forman de la misma manera ni alcanzan la misma intensidad.
En determinadas circunstancias, los movimientos ascendentes del aire y los fuertes vientos asociados a estos fenómenos podrían levantar pequeños animales acuáticos, especialmente aquellos que se encuentran cerca de la superficie.
Si los peces son arrastrados por el viento, podrían desplazarse hasta otro lugar y caer cuando las corrientes pierdan intensidad. Es una posibilidad física que ayuda a comprender cómo un animal acuático podría terminar lejos de su hábitat.
Sin embargo, conviene aclarar algo importante: no se ha demostrado que todas las lluvias de peces documentadas hayan sido provocadas por trombas marinas. Tampoco debe imaginarse que estos remolinos aspiran necesariamente enormes cantidades de agua hasta las nubes. De hecho, buena parte del aspecto visible de una tromba marina procede de la condensación y de las gotas levantadas cerca de la superficie.
La explicación resulta plausible, pero demostrar que ocurrió en un episodio concreto exige observaciones que rara vez están disponibles.
El misterioso pueblo donde los peces aparecen después de las tormentas
Uno de los lugares más conocidos por este fenómeno es Yoro, una localidad de Honduras donde existe una larga tradición relacionada con la llamada lluvia de peces.
Según los relatos locales, después de determinadas tormentas intensas aparecen numerosos peces pequeños en caminos, patios y terrenos. El acontecimiento ha llegado a convertirse en una seña de identidad de la zona, hasta el punto de contar con celebraciones populares.
Lo interesante es que Yoro se encuentra tierra adentro, a una distancia considerable de la costa. Esto complica la explicación habitual de que una tromba marina recoja peces en el océano y los transporte directamente hasta la localidad.
Por eso también se han planteado otras posibilidades. Una de ellas propone que las lluvias torrenciales desborden cauces o arrastren peces desde masas de agua próximas, dejándolos dispersos cuando el agua retrocede. Otra hipótesis relaciona el fenómeno con corrientes subterráneas, aunque tampoco está demostrada para explicar todos los episodios.
Y aquí aparece una diferencia fundamental: encontrar peces sobre el terreno después de una tormenta no significa necesariamente que alguien los haya visto caer de las nubes.

¿También pueden llover ranas y otros animales?
Los peces no son los únicos protagonistas de estas historias. Existen testimonios históricos de concentraciones inesperadas de ranas, renacuajos y otros pequeños animales tras episodios de lluvia intensa.
Algunas situaciones podrían explicarse por el transporte mediante fuertes vientos. En otras, la explicación puede ser mucho más sencilla: las lluvias hacen salir a numerosos anfibios de sus escondites o provocan desplazamientos masivos que parecen una auténtica caída del cielo.
Por tanto, cada episodio debe examinarse por separado.
Y aunque hay relatos de peces encontrados todavía vivos, eso tampoco demuestra por sí solo que hayan sobrevivido a una caída desde gran altura. Podrían haber sido depositados por aguas desbordadas poco antes de ser encontrados.
Lo verdaderamente fascinante de estas historias es que muestran hasta qué punto una tormenta puede transformar el paisaje en cuestión de minutos. A veces, detrás de un acontecimiento que parece desafiar las leyes de la naturaleza existe una explicación meteorológica. Otras veces, lo que falta no es una teoría, sino pruebas suficientes para confirmar qué sucedió.
Porque los peces pueden acabar donde nadie esperaría encontrarlos. Lo difícil es demostrar cómo llegaron hasta allí.
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