Probablemente sea la película más extraña del Festival Internacional de Cine de Tokio de este año. El director de fotografía Saito Kisin debuta en el largometraje con una propuesta surrealista. Mezcla varias historias cortas y estilos muy distintos para ordenar los sentimientos que le dejó la relación complicada con su difunto padre.

Se trata de Kefi (título aún sin estreno confirmado en España), que se proyecta en la sección Nippon Cinema Now del certamen. Y no llega a su destino por los caminos previsibles: en su breve metraje caben extraterrestres, dinosaurios y romances oníricos.

En origen, la idea de Saito era rodar cuatro series de cortometrajes y unirlas en un largometraje. Cada una tendría un tema propio: la ética, la hipocresía, la discriminación y, por último, la vida y la muerte. El menor de tres hermanos quería conectar la película de forma vaga con su familia y centró esos cortos en tres hermanas.

Una pérdida sin tristeza

En 2024 recibió la noticia del fallecimiento de su padre, una muerte que marca el arranque de la película. Tras una escena en la que el padre ausente habla de sus hijas en una narración, a modo de eco desde el más allá, las tres hermanas (Kyo, Asumi y Kino) se enteran de que ha muerto. Igual que el padre del director, el de las protagonistas se había alejado de la familia tras el divorcio.

El director reconoce con franqueza que no sintió tristeza al perderlo. Sus padres se separaron hace unos diez años y llevaba todo ese tiempo sin verlo. La ficha del festival deja claro que el objetivo es explorar las emociones complejas que siguen a una pérdida, incluido el entumecimiento emocional. El cineasta lo hace a través de un humor peculiar.

Según cuenta, es una persona optimista y su padre era muy gracioso, algo que también influyó en que el dolor fuera menor. Pensaba que pronto volvería a hablar con él, pero todo ocurrió de repente. Así descubrió que no todos viven el duelo igual y quiso trasladar esa mirada a las tres hermanas. Ellas pasan gran parte del metraje separadas hasta que un episodio final las reúne.

Un cine hecho entre amigos

Esas diferencias se reflejan en la imagen, que alterna colores vivos y blanco y negro, y planos caóticos con cámara en mano con otros más estables. Saito asegura que solo quería experimentar y mantener al público atento. En Kefi figura como director, guionista, director de fotografía, jefe de iluminación y montador. Es la forma de hacer cine con la que se siente cómodo: una cámara réflex, iMovie y sus amigos como actores, la misma fórmula que usa en YouTube.

Aunque también trabaja en rodajes más grandes, admite que en ellos no siempre todos reman en la misma dirección. Por eso quiso rodar solo con gente de su total confianza.

Detrás de la apuesta hay también una reivindicación. El cineasta lamenta que, fuera de Japón, el cine del país se asocie casi siempre al anime o a títulos comerciales. Aspira a demostrar que no se limita a clásicos como Ozu o Kurosawa, sino que existen voces modernas como la de Hamaguchi, entre las que espera contarse.