Dos cineastas emiratíes, Khalid Al Mahmood y Abdulrahman Al Madani, llevan historias profundamente locales a la 13.ª edición del Festival Internacional de Cine de Sharjah para Niños y Jóvenes (SIFF). Sus cortometrajes, el musical The Mangrove House y el drama familiar Oug, ambos aún sin estreno confirmado en España, son las únicas producciones de Emiratos Árabes Unidos en competición.

Los dos mantienen una relación estrecha con el certamen. The Mangrove House, que abrió el festival con su estreno mundial, pasó el año pasado por la primera sesión de presentación de proyectos del SIFF, cuando su director buscaba apoyo para la posproducción. Después, FANN – Media Discovery Platform, matriz del festival, se sumó al proyecto. Para Al Madani, Oug es su tercera película en Sharjah, tras Nagafa (2015) y Laymoon (2019).

Su regreso coincide con un nuevo impulso de la industria local, que ha atravesado altibajos en las últimas dos décadas. Al Mahmood, que rodó su primer corto en 1999 como estudiante en Estados Unidos, recuerda que al volver al país la producción era casi inexistente. Las proyecciones anuales que luego dieron paso al Concurso de Cine de los Emiratos funcionaron como “una escuela” para aquella generación, antes de que surgieran los festivales de Dubái y Abu Dabi.

Un ecosistema que se rompió y vuelve a crecer

Al Madani llegó justo antes de que buena parte de ese circuito desapareciera. El festival de Abu Dabi no ha vuelto, y el de Dubái, cuya última edición fue en 2017, prevé regresar en diciembre de 2027. Aquel golpe empujó a muchos creadores de su generación a buscar proyección fuera, una experiencia que él define como una “llamada de atención” para no depender solo de las plataformas nacionales.

Hoy el apoyo institucional crece. Oug recibió una subvención del Ministerio de Cultura de los EAU, algo impensable en una etapa que el director describe como de apoyo “prácticamente nulo”. “Aún nos queda mucho camino por recorrer, pero creo que este es un buen comienzo”, reconoce. Al Mahmood, en cambio, cree que la infraestructura sigue pensada para atraer rodajes internacionales y no para sostener a los cineastas locales.

La distribución es otro reto. Por eso Al Madani lanzó este año Meylas Aflam, una iniciativa que ha agotado entradas en sus cuatro proyecciones, con debates de hasta una hora. Para él, esa respuesta desmiente la idea de que el público no está preparado para sus propias historias.

Dos historias que rompen estereotipos sin proponérselo

The Mangrove House sigue a dos hermanos sordos y a su hermana, que intentan reunir dinero para un concurso. El guion nació de la escritora Ayesha Alameri, cuyo hermano es sordo, y huye del tono lastimero habitual. Al Mahmood lo convirtió en musical con instrumentos y vestuario de la región.

Oug, cuyo título significa “el defecto”, retrata la culpa que recae sobre las mujeres que aún no tienen hijos. Ambientada casi por completo en una visita a IKEA, muestra a una pareja (Sarra’a Abdulaziz y Yaser Al Neyadi) enfrentada a la madre del marido (Huda Al Ghanem). En Dinamarca, algunos espectadores se sorprendieron de ver a mujeres con hiyab como protagonistas.

El siguiente paso para ambos es el largometraje. Al Mahmood prepara un proyecto “muy artístico” y Al Madani, que suma siete cortos, señala la financiación como el gran obstáculo: “Mi próximo proyecto tiene que ser un largometraje”.