El cineasta japonés-brasileño André Hayato Saito ya tiene en marcha su primer largometraje, un drama íntimo sobre la pérdida, la culpa y los silencios que las familias arrastran durante años. El proyecto está seleccionado este año en el Tokyo Gap-Financing Market, donde busca el dinero que le falta para rodar.

La película, titulada Yellow Chrysanthemum (título aún sin estreno confirmado en España), está ambientada en São Paulo en julio de 2014, en plena celebración del Mundial de Brasil. Su protagonista es Erika, una chica de 16 años, nieta de inmigrantes japoneses, que se siente extranjera en su propio país y rechaza las raíces de su familia.

Ese rechazo nace de una herida antigua. Cuando Erika tenía siete años, su prima Yam, que además era su mejor amiga, desapareció durante una fiesta tradicional en el barrio de Liberdade mientras la madre de Erika se encargaba de los niños. Desde entonces, la familia guarda un silencio lleno de culpa.

Todo empieza a moverse cuando Erika entabla amistad con Bianca, una compañera de clase negra que acaba de perder a su madre. Bianca no esconde su dolor, y esa cercanía despierta emociones enterradas y obliga a la familia a enfrentarse a la ausencia de Yam.

Un silencio que nace de la infancia

Saito recuerda que, de niño, le preguntó a su padre adónde vamos después de morir y que la única respuesta fue un silencio largo y profundo. Al crecer en un hogar japonés-brasileño, entendió que callar podía ser una forma de expresar amor y respeto, pero también una manera de ocultar el dolor.

Sus cortometrajes ya exploraban el duelo, la memoria y la identidad entre dos culturas, y este largometraje continúa ese camino. Uno de ellos, Amarela, también sigue a Erika, esta vez durante la final del Mundial entre Brasil y Francia. El corto compitió por la Palma de Oro en Cannes en 2024, entró en la lista preliminar de los Óscar y ganó el premio Grande Otelo al mejor cortometraje de acción real en Brasil.

El cineasta asegura que no busca respuestas fáciles ni un final convencional. Su deseo es que el público reconozca a su propia familia en la historia de Erika, venga de donde venga, y piense en todo lo que se queda sin decir en su vida.

Una coproducción con la mirada puesta en Asia

El proyecto, una coproducción entre Brasil, Japón, Alemania y Francia, está en fase de preproducción tras varios años de desarrollo. Pasó por el TorinoFilmLab, donde obtuvo su premio a la producción, y también fue seleccionado para Focus Copro en Cannes. El equipo prevé rodar en noviembre una secuencia clave durante una ceremonia japonesa de Toro Nagashi en Brasil.

Al frente está la productora Mayra Faour Auad, fundadora de MyMama Entertainment, que desarrolla la cinta junto a One Two Films, Loaded Films y Blue Monday. En Tokio, el objetivo es cerrar la financiación pendiente y encontrar productores, distribuidores y agentes de ventas capaces de llevar la historia al público asiático, algo especialmente significativo por las raíces japonesas del relato.

Mientras tanto, Saito ya prepara su segundo largometraje, Little Faults, sobre una mujer japonesa-brasileña de edad avanzada que, en Japón, comete pequeños delitos con la esperanza de acabar en prisión y sentirse, por fin, cuidada.