El cine clásico de Hollywood despide a una de sus caras más reconocibles de los años sesenta. Elke Sommer, la actriz alemana que compartió pantalla con Peter Sellers, Paul Newman y Dean Martin, falleció el miércoles en su casa de Los Ángeles a los 85 años, apenas una semana antes de cumplir 86.
La noticia fue confirmada por su hijastro, Sebastian Walther, al diario alemán Bild. La muerte de la intérprete llega solo tres meses después de la de su esposo, Wolf Walther, que falleció a causa de un cáncer. Según declaró Sebastian Walther al rotativo, ahora la actriz por fin podrá reunirse de nuevo con el hombre al que tanto amaba.
Sommer nació en Berlín el 5 de noviembre de 1940, en plena Alemania nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial, su familia abandonó la capital y se instaló en Niederndorf, una pequeña localidad bávara donde pasó buena parte de su infancia, lejos de los bombardeos.
De niñera en Londres a estrella de Hollywood
En 1957, con apenas 17 años, se trasladó a Londres, donde trabajó como niñera para la familia de la actriz Vicki Michelle. Su vida cambió por completo durante unas vacaciones en Italia, cuando el director Vittorio De Sica se fijó en ella. A partir de ese momento empezó a aparecer en películas europeas.
A comienzos de los sesenta dio el salto a Hollywood, donde además de abrirse paso en el cine se convirtió en una de las modelos pin-up más populares de la época. Su gran oportunidad llegó con El premio, el thriller en el que compartió protagonismo con Paul Newman y que le valió en 1964 el Globo de Oro a la actriz revelación más prometedora.
Poco después llegó el papel que la haría inmortal para varias generaciones de espectadores: María Gambrelli en El nuevo caso del inspector Clouseau, la secuela de La pantera rosa dirigida por Blake Edwards. Allí dio la réplica a un desatado Peter Sellers en una de las comedias más celebradas de la década.
Una carrera entre la comedia y el terror
Durante aquellos años encadenó títulos de lo más variado. Trabajó junto a James Garner y Dick Van Dyke, Stephen Boyd y Bob Hope, y se sumó al universo de espías de Matt Helm en La mansión de los siete placeres, donde coincidió con Dean Martin y Sharon Tate.
En los años setenta su filmografía se abrió a otros géneros. Participó en el drama bélico Zeppelin, al lado de Michael York, y en Diez negritos, la adaptación de la célebre novela de Agatha Christie. También se atrevió con el terror de la mano de Mario Bava en El diablo se lleva los muertos, además de probar suerte en la comedia británica.
Con su marcha desaparece una de las últimas estrellas de una era dorada del cine, una actriz que supo pasar del glamur de las portadas a la comedia más disparatada sin perder nunca su magnetismo ante la cámara.
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