Hay cenas que empiezan con una conversación inocente y acaban sacando a la luz aquello que una pareja preferiría mantener oculto. Esa es la premisa de La invitación, la película de Olivia Wilde que reúne a Seth Rogen, Penélope Cruz, Edward Norton y la propia directora. Joe y Angela llevan años casados y atraviesan una etapa complicada. Cuando invitan a sus vecinos, Pina y Hawk, lo que parece una reunión corriente termina convirtiéndose en una propuesta de intercambio de parejas.

La película funciona como una montaña rusa de emociones: pasa de la incomodidad a las carcajadas y, de vez en cuando, introduce momentos que invitan a reflexionar sobre el deseo, la rutina y la convivencia.

Sin embargo, aunque la combinación resulta entretenida, La invitación tampoco es la gran comedia que podría haber sido. Tiene escenas muy divertidas, pero sus provocaciones no siempre funcionan y algunas situaciones se quedan a medio camino.

Seth Rogen y la química del reparto, lo mejor de la película

Seth Rogen ofrece una interpretación muy buena como Joe, un hombre que intenta mantener la compostura mientras la cena se convierte en una sucesión de situaciones cada vez más incómodas. El actor maneja con soltura el sarcasmo y sabe combinar el humor con la frustración de un personaje que empieza a enfrentarse a problemas que llevaba tiempo evitando.

Por su parte, la química entre Penélope Cruz y Edward Norton es uno de los grandes atractivos del filme. Ambos aportan desparpajo e imprevisibilidad a una historia que depende, en buena medida, de los diálogos y las reacciones de sus protagonistas. La interacción entre sus personajes funciona especialmente bien y ayuda a que la velada mantenga el interés incluso cuando el guion pierde fuerza.

El intercambio de parejas es uno de los momentos más divertidos. La propuesta lleva a los cuatro personajes a situaciones comprometidas y deja al descubierto sus inseguridades, con reacciones que provocan tanto vergüenza ajena como risa. No obstante, la película no siempre consigue que esa incomodidad se convierta en humor verdaderamente memorable. En ocasiones, son las interpretaciones las que salvan escenas que podrían haber dado mucho más de sí.

Una comedia que termina dejando preguntas

Más allá de las provocaciones, La invitación aborda las dificultades de mantener una relación después de muchos años y plantea hasta qué punto la rutina puede desplazar al deseo. No desarrolla todas estas cuestiones con la misma profundidad, pero sí introduce reflexiones que van más allá de la anécdota de una cena descontrolada.

El final cambia ligeramente el tono y deja una sensación de incertidumbre sobre lo ocurrido. Después de tantas risas y momentos incómodos, queda la pregunta de si todo ha servido para que los personajes comprendan algo sobre sí mismos o si la experiencia ha sido simplemente un paréntesis en sus vidas. Esa duda aporta interés al desenlace, aunque también deja algunas cuestiones sin resolver.

En definitiva, La invitación es una película incómoda y divertida, sostenida por un reparto que sabe sacar partido a sus personajes. Seth Rogen está especialmente bien y la química entre Penélope Cruz y Edward Norton es uno de sus puntos fuertes.

Aun así, los altibajos del guion impiden que la propuesta alcance todo su potencial. Tiene momentos de humor, otros de reflexión y un final que deja pensando, pero no termina de ser una comedia extraordinaria.