Clayface es muy buena, pero ¿DC puede sobrevivir de personajes irrelevantes? La presión que Clayface cargó sobre su amorfo cuerpo fue brutal, no solo porque no es un personaje popular, sino que viene después del fracaso de Supergirl y para colmo se adentró en el campo del body horror; y afortunadamente dio en el clavo.
La trama de Matt como un célebre actor desfigurado por la mafia es un ancla poderosa, una secuencia de apertura que da el contexto del personaje y que no tarda en llegar al punto que quiere. A partir de ahí Tom Rhys Harries se adueña de tus células y se roba tu atención por la próxima hora y 30 minutos que sigue del filme.
Y si, la actuación impecable pero la duda de muchos es ¿logra un body horror incómodo y grotesco? Si. No es que se vaya a convertir en pilar del género, pero el uso de efectos prácticos está tan bien llevado que te sumerge en la desesperación y el quiebre del ego.
La falla de Clayface
Es impresionante que el equipo de maquillaje diseñó 18 fases de la transformación de Matt a Clayface y el resultado es satisfactorio, particularmente por la escena de los ojos pegados; y eso no hace sino reiterar que DC tiene talento para mostrar historias más oscuras que ignoran la censura.
Quizás su talón de Aquiles viene con sus transiciones. En medio de sus escenas como cambiaformas, hay momentos donde la edición resulta un tanto caricaturesca, que si bien puede ser una referencia a cómo se ve en las versiones animadas, aquí no funciona del todo.
En general, Clayface demostró ser una película ingeniosa, sanguinaria a ratos y con una batalla final enérgica; un acierto para DC aunque necesitan poner ese mismo empeño en sus personajes principales.
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