La especie tenía un cuerpo plano y una boca ancha, lo que indica que se alimentaba por succión en el fondo marino y emboscaba a sus presas.
Los investigadores encontraron dos esqueletos casi completos en la provincia china de Guizhou, dentro de rocas formadas a partir de sedimentos oceánicos. Cerca de ellos aparecieron fósiles de Guizhouichthyosaurus, un ictiosaurio de unos 7 metros de longitud que era uno de los grandes depredadores marinos de aquella época. El estudio se publicó en la revista Nature Ecology & Evolution.
Un anfibio que cazaba desde el fondo del mar
El G. maritimus tenía una cabeza ancha y plana, una boca grande y numerosos dientes pequeños y cónicos. Estas características indican que se alimentaba mediante succión: abría rápidamente la boca para generar una diferencia de presión que arrastraba agua y presas hacia su interior.
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Esqueleto casi completo de Gerrothorax maritimus. Foto: Ryosuke Motani/UC Davis
“El cráneo es plano y ancho, con una boca grande que tiene muchos dientes pequeños y cónicos”, explicó el paleontólogo Da-yong Jiang, de la Universidad de Pekín.
El animal vivía sobre un fondo marino de lodo y sedimentos finos y probablemente esperaba a que sus presas pasaran cerca. “Es un animal del fondo, un alimentador por succión que vivía sobre un lecho marino fangoso. Probablemente capturaba cualquier cosa que nadara a su lado, como peces, gusanos y quizá cefalópodos”, señaló Jiang.
Su aspecto recuerda, según el paleobiólogo Ryosuke Motani, a un tiburón wobbegong moderno, que también permanece cerca del fondo y utiliza la succión para capturar alimento.
La armadura que le permitió conquistar el océano
La vida marina representaba un desafío enorme para cualquier anfibio. Su piel permeable, que les permite respirar y obtener agua, funciona mal en el agua salada. La presión osmótica hace que pierdan agua corporal y les impide beberla de manera normal.
Los investigadores creen que G. maritimus pudo superar esta barrera gracias a su armadura. “Había un anfibio de agua dulce que, por casualidad, tenía el equipamiento necesario para colonizar el mar: la armadura corporal”, explicó Motani. Esa protección, desarrollada originalmente contra depredadores, pudo reducir el contacto de la piel con el agua salada.
Los científicos consideran que este cambio fue un caso de exaptación, cuando una característica evolucionada para una función termina siendo utilizada para otra. Además, la composición química de los huesos coincide con la del agua marina del Triásico, una evidencia que respalda que el animal vivió y creció en el océano.
“El hallazgo más importante es que existió un anfibio primitivo que vivió permanentemente en el mar”, concluyó Motani.
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