La NASA sigue de cerca la evolución de un episodio del fenómeno El Niño que podría convertirse en el más intenso desde 1950. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), existe un 83% de probabilidad de que este evento esté ocurriendo actualmente. Sus efectos ya pueden observarse en el océano, donde las temperaturas, el nivel del mar y hasta las tonalidades del agua están cambiando.
El Niño es un patrón climático natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años y se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas en algunas zonas del Pacífico ecuatorial. Este fenómeno altera los vientos, redistribuye el calor del océano y modifica los patrones de lluvia. Para seguir su avance, la agencia espacial utiliza datos de varios satélites que permiten observar estos cambios desde el espacio.
Las zonas con un nivel del mar inferior al normal aparecen en azul, mientras que las zonas con niveles más altos se muestran en naranja y rojo. El mapa compara el océano en 2025 y 2026. Foto: NASA
Una señal apareció a comienzos de 2026
Una de las primeras pistas apareció en enero, cuando los satélites detectaron cerca de Micronesia una onda Kelvin: una enorme masa de agua cálida que se desplaza lentamente desde el oeste hacia el este del Pacífico. Estas ondas transportan calor y pueden modificar los vientos que normalmente soplan desde América hacia Asia.
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El mapa compara las temperaturas de la superficie del mar en 2025 (un año con un fenómeno de La Niña débil) y 2026. Foto: NASA
Para comienzos de abril, las ondas Kelvin habían alcanzado el Pacífico oriental y las aguas superficiales comenzaron a calentarse. Como el agua caliente se expande, el nivel del mar aumentó en algunas zonas entre 30 y 40 centímetros. Al mismo tiempo, cerca de Indonesia y el norte de Australia se registraron niveles entre 15 y 20 centímetros por debajo de lo habitual.
“Las ondas Kelvin son como el latido de El Niño. Y nuestros satélites de medición del nivel del mar nos permiten observar el océano y seguir cada latido”, explicó Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
El Pacífico registra un calentamiento anómalo
El aumento de la temperatura superficial es otra de las señales más evidentes del fenómeno. En el Pacífico oriental, las aguas están actualmente unos 1,7 °C por encima del promedio a largo plazo y podrían calentarse todavía un poco más durante los próximos meses.

El mapa compara la longitud de onda visible aparente de 2025 y 2026. La longitud de onda visible aparente es un producto de datos del satélite PACE que utiliza datos de color del océano del instrumento de color del océano. Foto: NASA
Los satélites de la NASA pueden medir el calor de la superficie marina incluso a través y alrededor de las nubes. Los mapas de 2026 muestran cómo una extensa franja de aguas más cálidas se ha expandido desde el centro del Pacífico hasta las costas de Sudamérica.
Este calentamiento también afecta a la atmósfera. El aire situado sobre el océano recibe calor y humedad, elementos que pueden alimentar tormentas y reorganizar los patrones meteorológicos en distintas partes del planeta.
El agua cambia de color y pierde fitoplancton
El Niño también está dejando una señal visible en el color del océano. Durante los últimos meses, algunas aguas ecuatoriales del Pacífico se han vuelto más azules, un cambio relacionado con la disminución del fitoplancton.
Estos organismos microscópicos son fundamentales para la vida marina y prosperan en aguas frías y ricas en nutrientes. Sin embargo, el debilitamiento de los vientos alisios durante El Niño reduce el ascenso de aguas profundas que contienen esos nutrientes. Como consecuencia, disminuye la cantidad de fitoplancton y pueden producirse efectos en cadena sobre otras especies marinas.
El satélite PACE, lanzado en 2024, permite observar estos cambios con un nivel de detalle que no estaba disponible durante episodios anteriores. “Algunas personas piensan que el agua es simplemente azul, pero es sorprendente la multitud de colores que puede tener el océano”, señaló Matthew Kehrli, científico del equipo del satélite PACE.
La NASA continuará vigilando la evolución del fenómeno mediante su flota de satélites. “El Niño nos afecta a casi todos de alguna manera cada vez que ocurre. Aunque muchos han visto lo que puede hacer, nosotros observamos el océano para entender por qué”, afirmó Willis.
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