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martes, septiembre 22, 2026

La Pequeña España regresa al mapa de Nueva York más de un siglo después

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La ciudad de Nueva York tiene una Pequeña República Dominicana, Pequeña Italia, un Chinatown y un Koreatown…ahora desde este lunes, también devuelve oficialmente al mapa una parte de su Pequeña España: el enclave de inmigrantes españoles que durante buena parte del siglo XX convirtió la calle 14 Oeste en un corredor de restaurantes, comercios, instituciones y vida comunitaria, pero cuya presencia casi desapareció del paisaje físico de Manhattan.

En la intersección de la calle 14 Oeste y la Octava Avenida, en Manhattan, cuenta con una nueva señal con el nombre “Little Spain–La Nacional Way”.

La denominación es honorífica y coexistirá con el nombre oficial de West 14th Street. Sin embargo, su valor simbólico trasciende el pequeño letrero instalado en una esquina por la que diariamente pasan miles de peatones.

“Este lugar no representa una historia nueva. Es una historia que se ha hecho visible después de más de un siglo. Este ha sido un lugar donde la gente se reunió para comer, celebrar, encontrarse con otros y encontrar un pedacito de su hogar”, afirmó Michelle Mirón, portavoz de La Nacional, durante la ceremonia realizada en el marco del Mes de la Herencia Hispana.

Desde 1868

La historia de este enclave comenzó en 1868 con la fundación de La Nacional–Sociedad Benévola Española, creada para ayudar a los inmigrantes que llegaban a la Gran Manzana en busca de oportunidades.

La institución ofrecía alimento, refugio, orientación y una red de apoyo a personas que debían comenzar una nueva vida lejos de España. Con el paso de las décadas se convirtió también en un espacio para conservar el idioma, la gastronomía y las tradiciones de los recién llegados.

Desde 1925, La Nacional tiene su sede en el 239 Oeste de la calle 14. Alrededor de ese edificio se desarrolló una comunidad formada por restaurantes, tiendas, clubes sociales y organizaciones culturales.

Durante gran parte del siglo pasado, el tramo de la calle 14 comprendido entre las avenidas Séptima y Octava fue conocido popularmente como Calle Catorce o Little Spain. Allí funcionaron establecimientos como La Bilbaína, Café Madrid, Bar Coruña, Mesón Flamenco, Casa Moneo y El Faro.

Otro punto central fue la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, fundada en 1902 para atender espiritualmente a la creciente población hispanohablante de Nueva York. El templo es considerado una de las instituciones religiosas más importantes en la historia temprana de los españoles y latinos en la ciudad.

“La Nacional se convirtió en el punto central de las comunidades españolas e hispanohablantes. A medida que la comunidad creció, nació Little Spain, o La Pequeña España”, explicó Mirón.

La portavoz destacó que el legado continúa mediante el arte, la gastronomía, la música, el flamenco, los deportes y las actividades comunitarias que todavía se desarrollan en La Nacional, considerada la institución cultural española más antigua de Estados Unidos.

Aunque nació para atender a los inmigrantes procedentes de España, La Nacional también se convirtió con el paso de los años en un espacio de encuentro para personas de distintos países hispanohablantes.

James D. Fernández, investigador de la inmigración española y profesor de la Universidad de Nueva York: “se trata de una reivindicación de las personas comunes que construyeron este vecindario”. (Foto: Fernando Martínez – Impremedia)

Una señal permanente

La colocación de este letrero constituye el resultado de varios años de gestiones, recolección de firmas y trámites ante las autoridades municipales y comunitarias.

Para James D. Fernández, investigador de la inmigración española y profesor de la Universidad de Nueva York, el nuevo nombre representa una reivindicación de las personas comunes que construyeron aquel vecindario.

“Hoy estamos realizando un acto de justicia histórica. Estamos honrando las vidas tranquilas y decentes de miles de mujeres y hombres que transformaron esta parte de la ciudad en una Pequeña España”, declaró.

Fernández sostuvo que la memoria sobre la presencia española en América suele concentrarse en conquistadores, exploradores y figuras vinculadas al antiguo imperio, dejando en segundo plano a las grandes migraciones de trabajadores ocurridas posteriormente.

“El registro histórico cuenta una historia radicalmente diferente. El número de españoles que cruzaron el Atlántico durante los siglos del imperio fue superado ampliamente por los españoles de clase trabajadora que después emigraron, por su propia voluntad y bajo su propio riesgo, a las repúblicas de América Latina y a Estados Unidos”.

En Nueva York, esos inmigrantes trabajaron como tabaqueros, mineros, albañiles, comerciantes, cocineros y empleados de servicios. También convivieron con comunidades hispanohablantes procedentes de más de 20 países.

“Por cada estatua de un conquistador, deberíamos tener mil estatuas de madres y abuelas. Por cada monumento a un explorador, mil homenajes a los trabajadores del tabaco y a los mineros”, expresó Fernández.

La denominación es honorífica y coexistirá con el nombre oficial de West 14th Street. (Foto: Fernando Martínez – Impremedia)

Una historia familiar

El vínculo del investigador con la institución también es personal. Fernández contó que durante el verano de 1920, La Nacional organizó una fiesta a la cual asistieron Carmen Alonso, una joven inmigrante asturiana que trabajaba en Brooklyn y José Fernández, quien había vivido en La Habana y Tampa antes de llegar a Nueva York para trabajar como fabricante de cigarros.

“Gracias a esa fiesta organizada por La Nacional, Carmen y José se conocieron, se enamoraron, se casaron y formaron una familia. Mi padre nació un par de años después. Puedo decir, sin exagerar, que le debo mi vida a La Nacional”, relató.

Esa historia familiar ejemplifica el papel que cumplieron las sociedades de ayuda mutua: no solamente atendían necesidades económicas o laborales, sino que permitían a los inmigrantes reconstruir redes sociales y afectivas en una ciudad desconocida.

Para Fernández, La Pequeña España fue un lugar donde los recién llegados podían “escuchar las lenguas que habían dejado atrás, disfrutar los sabores de la cocina de sus madres y compartir solidaridad, alegría y hospitalidad”.

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