Una rueda gigante de 3 metros de altura, con un conductor sentado en su interior y capaz de alcanzar los 48 km/h. Aunque parece una máquina salida de una película de ciencia ficción, la Dynasphere existió y llegó a ser probada en las playas inglesas en 1932. Su diseño buscaba convertir una enorme rueda en un vehículo funcional, pero tenía el inconveniente de que, al frenar, podía hacer que el propio piloto comenzara a girar dentro de ella.
La historia comenzó con John Archibald Purves, un ingeniero originario de Taunton, en Somerset. En 1930 patentó un vehículo de una sola rueda al que llamó Dynasphere. Según Purves, la idea estaba inspirada en un dibujo atribuido a Leonardo da Vinci. Se construyeron dos prototipos: uno funcionaba con electricidad y otro, mucho más grande, utilizaba un motor de gasolina.
Una rueda gigante que llegó a los 48 km/h
El segundo prototipo era el más imponente. Medía tres metros de alto, tenía una estructura de hierro en forma de entramado y pesaba unos 450 kilogramos. El vehículo podía alcanzar entre 40 y 48 km/h, una velocidad nada insignificante para la época.
A simple vista, la idea parecía sencilla: una enorme rueda exterior avanzaba mientras el conductor permanecía sentado en el interior. Sin embargo, el funcionamiento interno escondía el principal problema de la máquina. El asiento del conductor y el motor estaban instalados sobre unos rodillos que se desplazaban por rieles colocados en el interior de la rueda. De esta manera, la unidad interna podía desplazarse para hacer girar la estructura exterior y permitir que el vehículo avanzara.
¿Por qué frenar podía hacer girar al conductor?
El problema aparecía cuando el vehículo tenía que cambiar bruscamente de velocidad. Al frenar, el peso del conductor y del motor tendía a continuar en movimiento por efecto de la inercia. Como estaban montados sobre los rieles internos, podían desplazarse hacia arriba y provocar que toda la unidad interior comenzara a girar junto con la rueda.

Los intentos por salvar la idea de la monorueda
El concepto, sin embargo, no terminó con aquel primer diseño. En 1932 se presentó una versión posterior con diez aros y un volante conectado a engranajes que permitían modificar la inclinación del vehículo. El modelo fue probado en el circuito de Brooklands y quedó registrado por las cámaras de las actualidades Pathé.
La ingeniera Beatrice Shilling y el hijo de Purves participaron en las pruebas e incluso intentaron hacer que la máquina se inclinara de manera deliberada para comprobar hasta dónde podía llegar. También se desarrolló una versión recreativa de ocho plazas, denominada Dynasphere 8, pensada para paseos en la playa y no para circular por carreteras.
Casi un siglo después, las monorruedas motorizadas todavía conservan su capacidad para llamar la atención. En mayo de 2025, Mark Foster alcanzó cerca de 144 km/h en Elvington, North Yorkshire, y estableció un récord Guinness de velocidad con un vehículo de este tipo.
La Dynasphere original, sin embargo, dejó una lección mucho más sencilla: en una rueda de tres metros y 450 kilos, frenar no era necesariamente la mejor manera de recuperar el control.
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