La velocista dominicana Liranyi Alonso, una de las figuras destacadas del atletismo nacional, habló sobre sus inicios en el deporte, los sacrificios que ha realizado para alcanzar el alto rendimiento y las emociones que vivió tras conquistar cuatro medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
Con apenas 20 años, Alonso recuerda que desde niña tenía una particular afición por correr, sin imaginar que aquella actividad que realizaba incluso cuando iba al colmado terminaría convirtiéndose en su profesión y en el camino hacia grandes sueños olímpicos.
¿En qué momento descubriste que tenías el perfil para ser una atleta de alto rendimiento?
Bueno, desde pequeña siempre vivía corriendo. Mi madre me enviaba al colmado a hacer algunas cosas y yo iba corriendo. Siempre estaba corriendo.
A veces, antes de que mi mamá me dijera todo lo que tenía que comprar, yo ya estaba en el colmado. Ella me decía: “Ven, que no he terminado”, y yo tenía que devolverme. Me enojaba mucho cuando me decía: “¡Ven, que no he terminado!”.

¿Qué sensación sentías cuando salías corriendo de niña, antes de ser atleta?
Siempre me gustaba correr. Era muy activa, pero como niña no sabía que existía ese deporte de correr como disciplina.
Sí sabía que existía Félix Sánchez, pero no sabía si yo podía practicarlo. Luego, un profesor de Educación Física de la escuela me preguntó si me gustaría entrenar atletismo.
Yo no sabía muy bien qué era el atletismo. Él me dijo: “Vas a correr”.
Entonces, a los 12 años, mi mamá me preguntó si quería estudiar inglés o practicar algún deporte. Yo le dije: “Aquí no hay un play”, porque siempre vivía corriendo.
Ella me respondió: “Sí hay”, y me llevó al estadio de La Vega. Cuando uno llega, a mano izquierda está la pista y fue amor a primera vista.
No vi ningún otro deporte, no vi gimnasia ni nada de eso. Vi atletismo y fue amor a primera vista.

Remontémonos a 2025, cuando comenzaste a ganar medallas. Conseguistes dos platas y un oro. ¿Cómo te sentiste al comprobar que sí podías hacerlo, pese a que te habían dicho que por tu estatura no podías?
Me sentí muy feliz, porque 2025 comenzó con muchos tropiezos y dificultades, pero pude superarlos y seguir adelante con el apoyo de mi familia y de mi entrenador.
Cuando conseguí mi primera medalla en el Panamericano, en los 200 metros, me sentí súper feliz. Además, fue un oro con récord incluido.
Desde antes venía rompiendo el récord nacional en cada meeting. En Europa también iba mejorando mi marca personal. Iba bajando de una competencia a otra.
En una competencia, por ejemplo, hacía 11.14 en la semifinal y 11.15 en la final. Después hacía 11.14 y luego 11.13. Poco a poco iba mejorando.
Luego llegó el NACAC, donde conseguí el segundo lugar y la medalla de plata. Después vino el Panamericano, donde gané plata en los 100 metros y oro en los 200 metros, con récord incluido.
Fue una emoción y una alegría inmensas.
¿Cómo fue tu primer encuentro con el entrenador que creyó en ti, a diferencia de otros?
Con él fue en 2020, por medio de mi padrastro, que le escribió y le dijo: “Mira, tengo una niña…”. Me llevó donde él y me aceptó con los brazos abiertos.
Él me dijo: “¡Ah, pero no es lo que yo pensaba! Me engañaron”. Le habían dicho otras cosas: que era muy chiquita, que tenía mucho mundo, que tenía mucho músculo.
Pero él dijo: “Yo veo que es todo lo contrario”.
Desde ahí hemos seguido trabajando juntos y con él he conseguido mis mayores frutos y logros.
¿Alguna vez soñaste que podrías ganar cuatro medallas en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, y además hacerlo aquí, en tu país?
Siempre soñé con ganar en mi país, en un evento como este.
Cuando me dijeron que los Juegos Centroamericanos y del Caribe serían aquí, me sentí súper alegre, orgullosa y motivada. Dije: “¡Guau, van a ser en mi país!”.
Toda mi gente, mi familia y las personas cercanas a mí iban a poder verme.
Desde que dijeron que los Juegos serían aquí, yo soñé con ganar.
¿Te viste con esas cuatro medallas antes de que comenzara la competencia?
Yo siempre tuve la mentalidad de que podía conseguirlas.

Sabemos que todas las medallas son importantes, pero siempre hay una que tiene un significado especial. ¿Cuál es tu favorita y por qué?
Yo digo que cada medalla tiene un significado y un esfuerzo diferente.
Aunque sea la misma persona, el trabajo en equipo y el trabajo individual son diferentes. Para mí, todas son especiales y tienen un gran valor.
En el relevo tenemos que trabajar en equipo y confiar en nuestros compañeros. En las pruebas individuales tienes que confiar en ti misma, en el trabajo que hiciste con tu entrenador y listo.
Hablemos del relevo mixto. Todos sabemos lo que pasó. El pueblo lloró cuando se conoció la noticia de que habían perdido la medalla y luego se anunció aquí mismo que la habían recuperado. ¿Cómo viviste esos dos momentos?
Cuando dijeron que estábamos descalificados, de hecho, ya estábamos en el área de premiación. Nos dijeron que la ceremonia se había pospuesto para el día siguiente porque había una protesta.
Yo dije: “¿Protesta?”. Todo el equipo se quedó sorprendido. No sabíamos que éramos nosotros porque allá abajo no nos dijeron nada.
Luego salimos y escuché: “República Dominicana, descalificado”. Yo dije: “¿Qué? ¿Pero cómo así?”.
Me puse nerviosa porque al otro día tenía la semifinal de los 200 metros y pensaba: “Dios mío, ¿qué va a pasar?”.
Después fui a la pista de calentamiento, vi a mi entrenador y le pregunté: “¿Cómo así? ¿Qué pasó?”.

Él me dijo que teníamos unos 25 minutos para presentar la protesta. Fueron a presentarla y, finalmente, todo se resolvió.
Ese día llovió muchísimo y yo estaba esperando en una de las puertas del estadio, cerca del Hospital de las Fuerzas Armadas. Estaba lloviendo y yo decía: “Dios mío, por favor, que nos den esa medalla y que todo salga a nuestro favor”.
Justo en ese momento mi entrenador me dijo: “Nos dieron la medalla”.
Cuando escuché la noticia, salté de alegría.
Yo tenía claro desde el principio que iba con todo en los 200 metros, pero saber que nos habían devuelto la medalla me motivó todavía más.
Mis compañeros y yo sabemos que no podemos permitir que vuelva a ocurrir algo así, pero fue lo que pasó.
¿Cómo fue tu recibimiento en La Vega? También recibiste un apartamento como reconocimiento. ¿Cómo te sentiste con todo eso?
Me sentí muy bien, muy feliz. Fue un gran sueño cumplido: el apartamento de mi madre.
Gracias al presidente de la República y al ministro Kelvin Cruz pudimos hacerlo realidad.
El pueblo me recibió con tanto amor y tanto cariño que, de verdad, fue algo maravilloso. Estoy sin palabras.

Tienes apenas 20 años y comenzaste a los 12. ¿Cuál ha sido tu mayor sacrificio? ¿Qué has dejado de hacer que normalmente hace un joven de tu edad?
Yo diría que no he dejado de hacer nada que no me guste, porque a mí me encanta correr y me encanta estar en este ambiente.
No soy mucho de salir con amigos, de salir a tomar alcohol o de estar paseando. Bueno, sí voy a veces de fiesta, pero no siempre.
El mayor sacrificio que he hecho ha sido irme a otro país a entrenar y dejar a mi madre con mi padrastro. Dejar a mi familia, eso es lo que más me ha costado.
Pero me encanta este ambiente. Me siento feliz aquí donde estoy.

Sabemos que los atletas tienen una alimentación bastante estricta. ¿Cuál es ese plato que dices: “Me lo quiero comer, pero no puedo”?
Ahora mismo no estoy comiendo arroz ni pan.
Pero hay días en que digo: “¡Dios mío, me quiero comer una hamburguesa!”. O quiero comerme una pizza y digo: “¡Ay, Dios mío, no puedo!”.
La tentación es demasiado grande.
A veces me la como a escondidas de mi entrenador. ¡Ojalá él no vea esto!
Para finalizar: entre ganar una medalla olímpica o romper un récord mundial, ¿con cuál te quedas?
Con ambos.
Llegar a los Juegos Olímpicos con salud, estabilidad, dicha, prosperidad y la bendición de Dios.
Y ya ahí se sabrá todo. Confío en el trabajo que estamos haciendo mi entrenador y yo.
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