Indonesia quiere dar un salto de escala en su industria audiovisual. La Agencia de Cine de Indonesia (BPI) colabora con el Ministerio de Cultura en la redacción de una Ley de Cine revisada que reformaría sus competencias, mientras Yakarta, donde Netflix tiene actualmente cuatro títulos en producción, trabaja para consolidarse como un centro cinematográfico regional.

Según explicó Fauzan Zidni, presidente de la BPI, a Variety, el primer borrador ha ido tomando forma desde el Festival de Cannes. Aunque el texto sigue en debate y no hay fecha para su aprobación en el Parlamento, el directivo asegura que la dirección es la correcta y que el impulso es positivo.

La Comisión de Cine de Yakarta se inauguró en junio junto con Filming in Jakarta, un servicio integral para productores. Desde entonces, según el vicegobernador Rano Karno, han llegado a la ciudad productoras de Malasia e India para rodar películas y series. Los nuevos proyectos de Netflix siguen a Tygo, el spin-off de Tyler Rake, y la plataforma también contribuirá a formar talento local gracias a un memorando de entendimiento vinculado a la primera Cumbre de Cine de Yakarta.

Yakarta quiere ser la nueva Busan

El gobernador Pramono Anung se ha propuesto convertir la capital en un polo de la magnitud de Busan, y Karno, veterano actor y cineasta, ha impulsado buena parte de esa política. En los próximos cinco años, la ciudad aspira a consolidar todo el ecosistema, desde la producción hasta la financiación y el acceso al mercado. Las grandes carencias son las instalaciones de posproducción, los platós y los estudios, que se pretenden subsanar en un plazo de tres a cinco años.

Para ello, Yakarta ha reducido a la mitad ciertas tarifas de locación e introducido una exención fiscal del 50% en las entradas de cine para películas indonesias que cumplan los requisitos. La Comisión de Cine de Busan, además, ayudó a la de Yakarta a ingresar en AFCNet, la Red de Comisiones de Cine Asiáticas. La iniciativa Jaksinema, por su parte, lleva salas de cine a los mercados públicos con entradas más económicas.

Zidni identifica el principal obstáculo para la inversión: los bancos solo conceden préstamos con garantía de activos físicos, y la propiedad intelectual cinematográfica carece de un método de valoración aceptado por la Autoridad de Servicios Financieros (OJK). La cumbre reunirá a reguladores, ministerios, bancos y tasadores para acordar un estándar, un programa piloto y un marco regulatorio.

El reto de llevar el cine indonesio al mundo

A diferencia de Francia o Corea, Indonesia no tiene un organismo como el CNC o el KOFIC. La BPI puede coordinar, pero no financiar películas ni imponer políticas, por lo que Zidni quiere que la nueva ley le otorgue autoridad legal y fondos propios. Las producciones locales acapararon cerca del 67% de la taquilla el año pasado, aunque falta llevar esas historias al exterior.

En esa línea, el Ministerio de Cultura anunció un fondo internacional de coproducción desarrollado con apoyo del CNC, y el país ya firmó en 2024 su primer acuerdo de coproducción con los Países Bajos, mientras negocia otro con Francia. El talento es otro reto: unos 1.200 estudiantes se gradúan al año, pero la rotación ronda el 60%. Zidni, cuyo mandato se extiende hasta 2030, aspira a lograr al menos dos tratados bilaterales y una presencia habitual en los grandes mercados internacionales.