Una proyección de la Asociación Americana de la Diabetes alerta sobre posibles interrupciones de cobertura y nuevos gastos
Unas 50,000 personas con diabetes en el estado de Nueva York podrían perder su cobertura de Medicaid para 2034, según un estudio divulgado por la Asociación Americana de la Diabetes (ADA), esta proyección se basa en los efectos de los cambios federales incluidos en la denominada “Gran y Hermosa Ley Presupuestaria” (OBBBA) lo cual significa un riesgo para pacientes que necesitan consultas, medicamentos y herramientas de monitoreo para mantener controlada una enfermedad crónica.
La ficha estatal de la ADA, basada en el estudio publicado en julio de 2026, estima que aproximadamente 580,000 afiliados a Medicaid en Nueva York viven con diabetes, lo que significa que las pérdidas previstas representarían alrededor del 8.5 % de ese grupo. Se trata de una proyección sujeta a las políticas vigentes y su implementación, no de personas que ya hayan perdido cobertura.
El impacto podría alcanzar también a quienes permanezcan inscritos. Según el mismo reporte, 196,608 afiliados con diabetes podrían quedar sujetos a nuevos pagos compartidos, con gastos anuales de bolsillo estimados entre $195 y $506 por persona afectada para 2034.
Asimismo, se pondera que específicamente para la comunidad hispana, estas advertencias se producen sobre grandes desigualdades en la atención médica: El Departamento de Salud del Estado de Nueva York informa que la prevalencia de diabetes entre los adultos hispanos es del 14.2 %, frente al 10.5 % entre los blancos no hispanos.

Esto significa que aproximadamente uno de cada siete adultos latinos reporta un diagnóstico, por lo cual la proyección de 50,000 pérdidas de Medicaid corresponde al conjunto de afiliados con diabetes del estado, no es una estimación exclusiva para hispanos.
Los cambios que vienen
Como explica claramente un artículo de la Asociación de Cuidados del Cáncer (ACCC) Los cambios federales aprobados en la OBBBA alteran las reglas de elegibilidad de Medicaid para millones de adultos. Los estados que ampliaron la cobertura deberán exigir a los afiliados adultos que acrediten 80 horas mensuales de trabajo, servicio comunitario, estudios o una actividad equivalente.
La medida aplica a adultos de 19 a 64 años, principalmente de la población de expansión y los estados deben comenzar a implementarla a más tardar el 1 de enero de 2027.
La ley exime a las personas consideradas “médicamente frágiles”, categoría que incluye a quienes tienen condiciones médicas graves o complejas.
Sin embargo, una regla provisional de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS), publicada en junio de 2026, exige que la condición “afecte significativamente” la capacidad de la persona para cumplir con el requisito, un criterio que no aparece en el texto de la ley y que según críticos podría dejar fuera a muchos pacientes con enfermedades crónicas.
En el caso de la diabetes, tener el diagnóstico no garantiza automáticamente la exención.
En este sentido, CMS aclara que figurar en una lista estatal de condiciones no basta para calificar. Además, los afiliados tendrían que documentar su situación, y los expertos advierten que muchas personas pierden cobertura por trámites no completados, aun cuando sigan siendo elegibles. De ahí que la ADA proyecte que unas 50,000 personas con diabetes en Nueva York podrían quedar sin Medicaid para 2034.
Un diagnóstico sorpresivo
Para Oscar Meza, quien colabora con la ADA en estrategias de conexión con comunidad latina y vive con diabetes desde hace unos 25 años, el desafío actual consiste tanto en facilitar el acceso a la atención como en explicar la enfermedad de una manera cercana.
“Esta asociación ha entendido y comprendido que parte de su misión es hablar con nuestra comunidad en su lenguaje, con un mensaje que entienda nuestra cultura, no solamente traducido directamente, sino mensajes que tengan sentido para nuestra comunidad”, expresó.
Meza, de 61 años, hijo de padre mexicano y madre puertorriqueña, descubrió que tenía diabetes cuando intentaba contratar un seguro de vida para proteger a su familia.
“Yo me enteré por accidente porque estaba tratando de agarrar un seguro de vida para mi familia”, recordó.
Los exámenes realizados para ese trámite lo pusieron frente a una condición que cambiaría su vida. En ese momento pesaba alrededor de 250 libras. El diagnóstico lo obligó a reflexionar sobre su alimentación y sus hábitos, pero aprender a manejar la enfermedad tomó tiempo.
“No te digo que ha sido fácil, ha sido una batalla”, reconoció.
Su experiencia está atravesada por pérdidas familiares. Según relató, su padre, que tenía diabetes y complicaciones cardíacas, falleció a los 60 años. También perdió a su hermano menor, quien tenía diabetes y murió de COVID-19.
Esos antecedentes fortalecieron su interés en que otras familias reciban información y acompañamiento. Meza sostiene que vivir con diabetes requiere herramientas prácticas y una relación constante con los profesionales de salud.
“Lo importante es tener un equipo médico que te apoye y que vea tus resultados”, afirmó.

El costo de detener la atención
En este sentido, ADA se prepara para conmemorar en noviembre el mes de la concientización de esta enfermedad crónica bajo la preocupación que para miles de pacientes perder Medicaid o enfrentar nuevos gastos dificulte la continuidad de sus tratamientos.
El estudio nacional divulgado por esta asociación advierte que “las interrupciones del seguro pueden contribuir a un peor control de la diabetes y a complicaciones que requieren atención hospitalaria más costosa”.
En su ficha “The Burden of Diabetes in New York”, la asociación estima que alrededor de 1,9 millones de adultos del estado tienen diabetes diagnosticada y que cada año se registran aproximadamente 124,000 nuevos diagnósticos entre adultos.
Ese documento sitúa el costo anual de la diabetes diagnosticada en Nueva York en unos $19.600 millones, con estimaciones correspondientes a 2022. Las consecuencias graves de la enfermedad pueden incluir problemas cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, daño renal, pérdida de visión y amputaciones.
Asimismo, Meza señaló que la asociación trabaja para que las autoridades tengan presentes las necesidades de acceso a la salud y a medicamentos de todas las comunidades.
“Me gusta ser parte del cambio y me gusta que nuestra comunidad tenga todas las herramientas necesarias para que puedan disfrutar la vida aun teniendo diabetes”, manifestó.
Tratar la obesidad
En otro reporte de la ADA, “Tratar la obesidad también es prevenir” se incorpora otra dimensión: la atención de la obesidad como parte de la prevención y el tratamiento de la diabetes tipo 2.
La ficha, que cita mapas de prevalencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), señala que aproximadamente el 30% de los adultos de Nueva York vive con obesidad.
El documento describe la obesidad como una enfermedad crónica y compleja. Con base en los estándares de atención de 2026 de la Asociación de Obesidad, una división de la ADA, recomienda un abordaje individualizado que puede incluir apoyo nutricional y conductual, actividad física, medicamentos aprobados y cirugía metabólica cuando estén indicados.
El balance es que “tratar la obesidad puede ayudar a prevenir o retrasar la diabetes tipo 2. Esa posibilidad no debe confundirse con la prevención de la diabetes tipo 1, que es una enfermedad autoinmune”.
En el caso de Meza, los cambios incluyeron ajustar las porciones y caminar. Según contó, perdió casi 100 libras, aunque no dejó de disfrutar los alimentos que forman parte de su cultura.
“No se me quitó el antojo de comerme un pernil, de comerme unos taquitos”, relató.
Su historia como una experiencia individual ilustra el mensaje que desea transmitir: recibir un diagnóstico debe abrir la puerta a la educación y el acompañamiento.
“Si tenemos esta enfermedad, no es el fin, es un reto más que tenemos en la vida”, expresó.
Entendiendo la diabetes
La diabetes es una enfermedad en la que el azúcar, o glucosa, se acumula en la sangre porque el organismo no produce suficiente insulina o no la utiliza adecuadamente. La insulina es una hormona que fabrica el páncreas y permite que la glucosa entre en las células para proporcionarles energía, explica el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK), perteneciente a los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.
Con el tiempo, el exceso de glucosa puede dañar órganos como el corazón, los riñones y los ojos.
Una persona puede tener diabetes sin notar síntomas. Cuando aparecen, pueden incluir mucha sed, necesidad frecuente de orinar, cansancio, visión borrosa o pérdida de peso sin explicación. Por eso, la ausencia de molestias no descarta la enfermedad.
El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre que un profesional de salud debe interpretar. Entre las pruebas utilizadas están:
Según el NIDDK, generalmente se necesita una segunda prueba para confirmar el diagnóstico, especialmente cuando no hay síntomas. Las mediciones con un glucómetro doméstico pueden ayudar a vigilar el azúcar, pero no sustituyen la evaluación médica y las pruebas diagnósticas.
Busque información confiable:
La ADA dispone de recursos sobre diabetes y acceso a la atención en diabetes.org. También ofrece orientación mediante su centro de información en el 1-800-DIABETES (800-342-2383).
La diabetes en NYC:
- 14% de los adultos hispanos tenía diabetes diagnosticada en 2022, frente al 7% de los adultos blancos, de acuerdo al último reporte sobre esta condición crónica, compartido por el Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York (DOHMH).
- 800,000 adultos, aproximadamente, vivían con diabetes diagnosticada en la ciudad ese año.
- 15% era la prevalencia en El Bronx, frente al 12 % en Queens y Brooklyn.
- 26% de los adultos de 65 años o más tenía un diagnóstico.
- Más de 3,100 neoyorquinos sufrieron amputaciones de extremidades inferiores relacionadas con la diabetes en 2022.
- 53 por cada 100,000 habitantes era la tasa de amputaciones relacionadas con diabetes entre los latinos, frente a 24 entre los blancos y 63 entre los negros.
- Tres veces mayor fue la tasa de esas amputaciones en los vecindarios de muy alta pobreza respecto de los de baja pobreza.
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