Una investigación de la Universidad de Columbia detectó que casi el 2% del gas natural suministrado a la ciudad se escapa sin quemarse
Nueva York pierde alrededor de $300 millones de dólares al año por fugas de gas natural que, además de representar un desperdicio económico, contribuyen al calentamiento global. Así lo advierte un estudio de investigadores de la Universidad de Columbia y retomado por Gothamist, que calculó las pérdidas de combustible y las emisiones de metano en los cinco distritos de la ciudad.
La investigación analizó datos de emisiones correspondientes a 2023 y 2024 y concluyó que casi el 2% del gas natural suministrado a los clientes neoyorquinos, y por el que estos pagan, termina escapando a la atmósfera sin ser utilizado. El hallazgo pone el foco en un problema que combina el costo de la energía, el estado de la infraestructura y el impacto ambiental de los combustibles fósiles.
A diferencia de la contaminación generada cuando se quema gas para cocinar, calentar edificios o producir electricidad, el metano detectado por los científicos no había pasado por un proceso de combustión. Se trata, por tanto, de combustible que se pierde antes de aprovecharse y que llega directamente al aire.
Tuberías, estufas y calderas, entre las posibles fuentes
Yuwei Zhao, autor principal del estudio, señaló que las miles de millas de tuberías subterráneas que recorren Nueva York, junto con las estufas y las calderas de los edificios, figuran entre las fuentes más probables de estas fugas.
Sin embargo, los investigadores todavía trabajan para determinar qué proporción de las emisiones corresponde a cada origen. Esa distinción será importante para establecer qué medidas podrían reducir las pérdidas con mayor eficacia y dónde convendría concentrar los esfuerzos de reparación y modernización.
Roisin Commane, profesora de Columbia y una de las autoras del trabajo, destacó tanto el costo económico como las consecuencias ambientales del problema. Según explicó, las fugas representan un desperdicio considerable de dinero y convierten a la ciudad en la mayor fuente de contaminación por metano del noreste de Estados Unidos.
El impacto va más allá de las facturas de los consumidores. El gas natural está compuesto principalmente por metano, un potente gas de efecto invernadero que, de acuerdo con la investigación, tiene un potencial de calentamiento global más de 80 veces superior al del dióxido de carbono durante un período de 20 años.
El metano se escapa más durante las temporadas de mayor demanda
Los datos examinados por los científicos también revelaron variaciones estacionales. Las emisiones alcanzaron sus niveles más altos durante el invierno, cuando aumenta la demanda de calefacción, y en verano, cuando crece el consumo asociado al enfriamiento de los espacios.
El patrón coincide con períodos de mayor suministro y utilización de gas natural, aunque los investigadores continúan estudiando las causas específicas de las pérdidas y la contribución de las distintas instalaciones.
La relación entre consumo y emisiones plantea un desafío adicional para una ciudad que necesita mantener sus viviendas y edificios a temperaturas confortables durante los episodios de frío y calor intenso. Si aumenta la demanda energética sin una reducción de las fugas, el volumen de metano liberado podría crecer.
Commane sostuvo que, si se continúa utilizando gas natural, es importante aprovecharlo de manera eficiente y garantizar que la combustión sea lo más completa posible. Reducir la cantidad de metano que llega a la atmósfera permitiría limitar su efecto sobre el clima.
La científica también señaló que el metano permanece en la atmósfera alrededor de una década. Por ello, disminuir sus emisiones puede producir beneficios climáticos en un plazo relativamente corto, en comparación con los efectos más duraderos del dióxido de carbono.
La infraestructura energética y las nuevas tuberías, bajo la lupa
Los resultados llegan mientras Nueva York y la región enfrentan decisiones sobre el futuro de su infraestructura de gas natural. Entre los proyectos en discusión se encuentra el Northeast Supply Enhancement, un gasoducto que permanece paralizado por litigios relacionados con su tramo en Nueva Jersey.
También está el Constitution Pipeline, una iniciativa que busca avanzar pese a las objeciones de los reguladores ambientales del estado de Nueva York.
El estudio no determina por sí mismo si estos proyectos deben construirse, pero sus resultados aportan información relevante al debate sobre la dependencia de los combustibles fósiles y las inversiones necesarias para garantizar el suministro energético.
Los investigadores advierten que el incremento previsto de las necesidades de calefacción y refrigeración podría elevar las emisiones de metano si no se produce una transición hacia fuentes de energía más limpias. Las olas de calor más intensas y los períodos prolongados de frío pueden aumentar el uso de sistemas de climatización y calefacción, lo que presiona todavía más la infraestructura existente.
Por esa razón, reducir las fugas constituye una oportunidad para recortar las emisiones a corto plazo, incluso mientras continúan las discusiones sobre cambios más amplios en el sistema energético.
Los edificios concentran buena parte de la contaminación de la ciudad
El problema también se relaciona con las políticas de Nueva York para disminuir el uso de combustibles fósiles en los edificios. Las construcciones representan aproximadamente 2 tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de la ciudad, en gran medida por las actividades de calefacción y cocina.
Las leyes estatales y municipales que buscan limitar progresivamente el uso de combustibles fósiles en los edificios están previstas para entrar en vigor, aunque su aplicación dependerá de los calendarios y requisitos específicos de cada normativa.
Mientras tanto, identificar y reparar las fugas puede ayudar a reducir el desperdicio de combustible y las emisiones asociadas al sistema actual.
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