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En Nueva York cuatro décadas después, el VIH-Sida abre una nueva pregunta: ¿Cómo envejecer dignamente con el virus?

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A fines de 2023 más del 53% de las personas con un diagnóstico de VIH en el país tenían 50 años o más, y más del 28% tenía 60 años o más, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Más específicamente, entre quienes envejecen con VIH en Nueva York, más del 60% fueron diagnosticados hace más de 20 años, y muchos llevan viviendo con el virus más de 40 años, es decir, atravesaron literalmente toda la historia de la epidemia, de acuerdo con datos de Instituto del Sida del Departamento de Salud del Estado de Nueva York.

Durante los años más duros de la epidemia del VIH-Sida en los años 80 y 90, cuando alguien se le detectaba el virus, alcanzar la vejez era una posibilidad que muy pocos imaginaban. Una prueba positiva significaba una sentencia de muerte.

Hoy, cuatro décadas después, los avances científicos han transformado esa realidad y han dado paso a una nueva conversación: la de una generación de sobrevivientes que envejece con el virus y ahora enfrenta desafíos muy distintos a los de los primeros años de la epidemia.

Ese fue el mensaje central que predominó durante la conmemoración del Día Nacional de Concientización sobre los Adultos Mayores Latinos y el VIH/Sida 2026 que fue fijada por la Comisión Latina sobre el Sida (Latinoaids) en Nueva York cada 16 de julio desde el 2024.

Bajo el lema “Empoderando a los adultos mayores latinos que envejecen con VIH”, la jornada puso de relieve la importancia de que los adultos mayores participen activamente en el cuidado de su salud, mantengan la adherencia a sus tratamientos, atiendan su bienestar emocional y reciban atención integral para las enfermedades crónicas que suelen acompañar el envejecimiento.

Como parte de esta conmemoración, la administración del alcalde Zohran Mamdani entregó una proclamación oficial reconociendo este día en el calendario de la Gran Manzana y reafirmando el compromiso de la Ciudad con la equidad en salud, la reducción del estigma y el fortalecimiento de políticas públicas para esta población.

El encuentro reunió a adultos mayores que viven con VIH, especialistas en salud pública, proveedores de servicios médicos, líderes comunitarios y funcionarios electos para reflexionar sobre cómo garantizar una mejor calidad de vida a quienes han logrado sobrevivir gracias a los tratamientos antirretrovirales.

“Para muchas personas, el VIH es una estadística, un diagnóstico o un capítulo de la historia. Para mí, y para muchos otros, el VIH ha sido toda una vida. Es un camino que ha definido quiénes somos, las personas que hemos amado, los amigos que hemos perdido y la resiliencia que hemos construido”, expresó Luis Nava, director de Iniciativas para Adultos Mayores de Latinoaids y creador de esta conmemoración.

Nava recordó que envejecer con VIH implica enfrentar múltiples condiciones de salud, navegar sistemas médicos complejos y combatir el estigma y el aislamiento que todavía afectan a muchas personas. Al mismo tiempo, hizo un llamado para que los adultos mayores sean protagonistas de su propio cuidado y busquen apoyo cuando lo necesiten, porque “pedir ayuda también es un acto de fortaleza”.

Hace unas décadas, sin los tratamientos desarrollados en los últimos años, el virus solía evolucionar a Sida. En la inmensa mayoría de los casos, los infectados, terminaban muriendo por alguna o varias enfermedades oportunistas.

En todo el mundo, más de la mitad de las personas con VIH tienen más de 50 años. Hace una década, este porcentaje era solo del 8%. Las estimaciones son que en 2030 la cifra alcanzará el 80%.

De acuerdo con datos compartidos por la Academia Oxford, las personas mayores con esta condción crónica “experimentan un envejecimiento acelerado en prácticamente en todo su sistema celular, comparadas con personas sin VIH, tienen más comorbilidades y un envejecimiento prematuro”.

Barreras importantes

A lo largo del encuentro, los participantes reiteraron que el VIH ha dejado de ser, para la mayoría de quienes tienen acceso al tratamiento, una enfermedad inevitablemente mortal para convertirse en una condición crónica que puede manejarse durante décadas.

Sin embargo, advirtieron que los adultos mayores latinos siguen enfrentando barreras importantes, entre ellas el estigma persistente, problemas de salud mental, enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento y dificultades para acceder a servicios cultural y lingüísticamente apropiados.

Por su parte, Jesús Aguais, director de Latinoaids Internacional, destacó el enorme cambio que ha experimentado la atención del VIH en las últimas décadas. Señaló que muchos sobrevivientes todavía viven con las secuelas de los primeros tratamientos y de las enfermedades relacionadas con la infección que marcaron los años más críticos de la epidemia, pero celebró que los avances médicos permitan hoy que millones de personas puedan aspirar a una vida larga y saludable.

Aguais subrayó que el envejecimiento saludable “no depende únicamente de los medicamentos, sino también de la existencia de comunidades capaces de reducir el aislamiento, fortalecer las redes de apoyo y promover la resiliencia entre quienes han convivido con el virus durante décadas”.

El consenso de los activistas en la ciudad de Nueva York ha sido claro: el próximo gran desafío de la respuesta al VIH ya no consiste únicamente en prolongar la vida, sino en garantizar que quienes sobrevivieron a la epidemia puedan envejecer con salud, dignidad y una mejor calidad de vida.

Además se pondera que la existencia de una generación de adultos mayores latinos que ha vivido durante décadas con el virus representa, al mismo tiempo, una de las mayores victorias de la medicina moderna y un recordatorio de que la lucha contra las desigualdades y el estigma aún no ha terminado.

El dato:

  • 16% de los nuevos diagnósticos en Nueva York en 2024 ocurrieron en personas de 50 años o más, y casi el 29% de ellos ya había progresado a la etapa del Sida al momento del diagnóstico.

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