La doctora Camila Veller revela qué alimentos cotidianos y malos hábitos de hidratación pueden dañar tus riñones en silencio
Aunque tener diabetes, tomar medicamentos fuertes o comer con mucha sal son factores que aumentan el riesgo de afectación de los riñones, muchas veces las personas se sienten bien, pero el daño puede ir avanzando durante años sin avisar. El problema no suele estar en algo raro o extremo, sino en hábitos alimentarios muy comunes que se repiten todos los días.
La doctora Camila Veller explica que los problemas renales no siempre dan síntomas claros. Por eso es tan importante hacerse un chequeo preventivo al menos una vez al año, incluso sintiéndose bien, y observar cuáles son esos hábitos alimentarios que perjudican la salud renal.
“En nutrición, muchas veces el problema no es solo lo que comiste una vez, sino lo que repites sin darte cuenta”, advierte.
Desde bebidas, snacks, comidas rápidas hasta alimentos ultraprocesados que parecen inofensivos, son el verdadero riesgo cuando se vuelven una rutina que afecta la salud, en especial la de los riñones. La experta hace énfasis en 3 tipos de alimentos y bebidas de consumo diario que pueden estar dañándote sin que lo sepas.

1. Verduras de hoja verde y oxalatos

Los vegetales son ricos en fibra, antioxidantes y vitaminas. Sin embargo, las verduras de hoja verde como la espinaca, la acelga, la rúcula o la remolacha se asocian con la formación de piedras debido a sus niveles de oxalato.
Según una investigación publicada por la American Physiological Society Journals, “el oxalato dietético puede influir significativamente en el riesgo de formación de cálculos renales de oxalato de calcio”.
“Cuando comemos alimentos con oxalatos, una parte puede unirse al calcio y formar pequeños cristales. Y si esos cristales se acumulan demasiado en la orina, en algunas personas puede favorecer la formación de esas piedras en el riñón que los nefrólogos llaman cálculos renales”, explica Veller.
Para la mayoría de las personas, comer hojas verdes no daña los riñones; al contrario, son sumamente nutritivas. El verdadero riesgo aparece cuando se suman otros factores: tendencia genética a formar cálculos, bajo consumo de agua, exceso de productos salados o ultraprocesados, y grandes cantidades diarias de alimentos ricos en oxalatos o fosfatos (como chocolate, pasta de maní en exceso, gaseosas, embutidos o bocadillos industriales).
“El problema casi nunca es la ensalada, una acelga hervida o el jugo verde bien armado; el problema aparece cuando se pierde el equilibrio, falta hidratación y todos los días se repiten hábitos que sí pueden sobrecargar al riñón”, aclara Veller.
¿Cómo reducir los oxalatos? Para disminuir el impacto de la espinaca o la acelga en la salud renal, la experta recomienda la cocción: hervirlas y descartar el agua puede bajar los oxalatos solubles entre un 30% y un 80%.
2. Alimentos que favorecen la inflamación metabólica

Se trata de productos de consumo cotidiano que parecen inofensivos: fiambres, salchichas, mortadela, comidas rápidas, pizzas congeladas, sopas instantáneas, quesos procesados, galletitas dulces y alimentos con conservantes, colorantes, saborizantes, edulcorantes o aceites de semillas refinados.
Esto tiene respaldo científico en un estudio publicado por la revista especializada Biomolecules, revela: “Los datos epidemiológicos sugieren una asociación entre una mayor ingesta de AUP (alimentos ultraprocesados) y resultados renales adversos”.
Son los alimentos que favorecen la inflamación metabólica: “productos que, si aparecen todos los días en la mesa, pueden ir inflamando el cuerpo, acelerando el envejecimiento y haciendo que los riñones trabajen mucho más”.
El peligro no es comerlos un día, sino el conjunto de la semana sumando fiambres, galletitas, sopas instantáneas o pizzas congeladas, lo que genera una carga tóxica acumulada.
¿Por qué afecta al riñón? Veller explica que estos alimentos dañan el riñón por su alto contenido de sodio, ya que elevan la presión arterial y, con el tiempo, “la presión alta va dañando los vasos más chiquitos del riñón, que son los que filtran la sangre”. Además, muchos contienen fosfatos añadidos, aditivos industriales que se absorben más fácilmente y sobrecargan el órgano.
La sugerencia es revisar las etiquetas de los alimentos y descartar aquellos con listas de ingredientes larguísimas, mucho sodio y nombres raros.
3. Bebidas que favorecen la deshidratación

Un grupo de bebidas que casi nadie relaciona con el riñón —como el alcohol, las gaseosas, los jugos industriales, los jugos de fruta en exceso y las energéticas— está llevando a millones de personas a la insuficiencia renal al concentrar demasiado la orina, destaca Veller.
Estudios recientes, uno de ellos publicado por la plataforma en línea para revistas de LWW (Lippincott, Williams & Wilkins), analiza los efectos del exceso de fósforo inorgánico (aditivos industriales) en la nefrotoxicidad y el sodio en los mecanismos de filtración de los riñones.
Los riñones requieren agua para funcionar correctamente. Cuando una persona la reemplaza por otras bebidas, “la orina se vuelve más concentrada, más espesa. Es como si el riñón tuviera que limpiar más suciedad, pero con menos líquido”.
Con el tiempo, esto puede derivar en cálculos renales, infecciones urinarias recurrentes o niveles altos de creatinina en sangre. La solución es simple: incorporar agua de verdad (si es filtrada, mejor).
Consejos prácticos de hidratación:
- Tomar un vaso grande de agua al levantarse, y continuar con un vaso cada dos o tres horas.
- Agregar unas gotitas de limón si cuesta tomarla sola.
- Dejar una botella visible cerca tuyo (lo que no vemos, no lo hacemos).
- Distribuir la mayor parte del consumo durante el día para evitar levantarse de noche a orinar.
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