
El 11 de septiembre de 2001 terminó en cuestión de horas, pero para miles de miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY), sus consecuencias han continuado durante un cuarto de siglo. Un nuevo informe publicado esta semana expone la dimensión de una crisis sanitaria que todavía cobra vidas entre quienes trabajaron en la zona del World Trade Center tras los atentados.
Según ABC 7 NY, los datos más recientes del Programa de Salud del World Trade Center del FDNY, más de 600 miembros del departamento han muerto en los últimos 25 años por enfermedades relacionadas con su trabajo en el sitio de los ataques. La cifra vuelve a poner en primer plano el costo que pagaron bomberos, paramédicos y otros trabajadores que permanecieron durante meses entre los escombros.
10 meses entre polvo, químicos y toxinas
El primer programa de monitoreo médico para los integrantes del FDNY fue creado en octubre de 2001, apenas unas semanas después de los atentados. La necesidad de vigilar su salud surgió de una exposición que, con el paso del tiempo, revelaría consecuencias mucho más graves de lo que inicialmente se conocía.
Los trabajadores del departamento continuaron en el área del World Trade Center durante aproximadamente 10 meses, realizando tareas de rescate, recuperación, atención médica y extinción de incendios. En ese periodo estuvieron expuestos de manera prolongada a un ambiente contaminado por polvo, sustancias químicas y otras toxinas.
Desde entonces, miles de miembros del FDNY han desarrollado enfermedades vinculadas con aquella exposición. Entre los padecimientos identificados figuran asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfisema, problemas de salud mental y diferentes tipos de cáncer.
“Lamentablemente, sabemos que el 11 de septiembre no fue un evento de un solo día para nuestro departamento. Es un día que continúa enfermando a nuestros miembros”, afirmó la comisionada del FDNY, Lillian Bonsignore.
Casi 16,000 miembros del FDNY están inscritos
El alcance del programa permite dimensionar la magnitud del problema. Desde su creación, casi 16,000 miembros del FDNY se han inscrito para recibir seguimiento médico. De ellos, más de 12,000 han sido diagnosticados con al menos una enfermedad relacionada con su trabajo en el 11-S.
El cáncer representa una de las consecuencias más importantes. Casi 5,000 miembros inscritos han padecido algún tipo de cáncer, mientras que alrededor del 26% de ellos ha sido certificado con más de una clase de esta enfermedad.
Los participantes del programa tienen derecho a recibir pruebas médicas y tratamiento sin costo. Para los especialistas, ese seguimiento continuo se ha convertido en una herramienta fundamental para detectar enfermedades antes de que avancen.
“Estos tratamientos se traducen en vidas salvadas. Un monitoreo riguroso permite un diagnóstico temprano, lo que conduce a un tratamiento temprano”, explicó el doctor David Prezant, director del Programa de Salud del World Trade Center del FDNY.
Un dato esperanzador
El informe también contiene un elemento alentador en medio de las cifras de mortalidad. Los datos muestran avances particularmente importantes en la supervivencia de los pacientes diagnosticados con cáncer relacionado con el 11-S.
5 años después de recibir el diagnóstico, el 86% de los pacientes del programa con cáncer vinculado a los ataques permanecía con vida, de acuerdo con los resultados recopilados por el programa.
Para Prezant, la estadística demuestra el valor de mantener controles médicos durante años. El monitoreo permite detectar una enfermedad de manera temprana y comenzar antes el tratamiento, algo que puede marcar una diferencia decisiva en la supervivencia.
Pero la dimensión de la tragedia continúa creciendo. El Programa de Salud del World Trade Center calcula que más de 9,000 personas han muerto por enfermedades relacionadas con los atentados, una cifra que ya supera ampliamente las muertes ocurridas directamente el 11 de septiembre de 2001.
Nueva York todavía busca respuestas
La publicación del informe coincide, además, con una investigación que intenta determinar qué sabían las autoridades municipales sobre las toxinas ambientales generadas por los ataques y sus posibles efectos.
El Departamento de Investigación de la ciudad continúa examinando esa cuestión. Para apoyar el trabajo, Nueva York ha destinado casi $4 millones de dólares para contratar a una firma especializada en investigación de salud pública.
A medida que se acerca el 25 aniversario del 11-S, las nuevas cifras recuerdan que aquella mañana no quedó confinada a los libros de historia. Para miles de trabajadores que acudieron al sur de Manhattan cuando otros intentaban escapar, la emergencia se prolongó durante meses y, en muchos casos, durante décadas.
El polvo ya no cubre las calles de Lower Manhattan, pero sus consecuencias permanecen en los historiales médicos, en las familias que perdieron a sus seres queridos y en una generación de trabajadores que todavía necesita atención.
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