En 2015, Los Ángeles desplegó millones de esferas negras sobre uno de sus principales embalses para proteger el agua potable de la radiación solar y evitar su evaporación. La medida permitió ahorrar alrededor de 1.000 millones de litros de agua al año. Sin embargo, las bolas comienzan a llegar al final de su vida útil y las autoridades todavía no tienen un calendario para sustituirlas.
El proyecto utilizó 96 millones de bolas de sombra, conocidas como shade balls, que cubrieron gran parte de la superficie del Los Angeles Reservoir. Aunque el sistema cumplió su propósito durante años, su deterioro plantea ahora un nuevo desafío: encontrar una alternativa que permita mantener protegida el agua sin asumir los elevados costos de una cubierta permanente.
Unas bolas de plástico para mantener el agua limpia
La iniciativa comenzó mucho antes del despliegue masivo. En 2008, Los Ángeles realizó una primera prueba en el embalse de Ivanhoe, ubicado en el barrio de Silver Lake, donde colocó 400.000 esferas negras para comprobar su eficacia frente a la formación de bromato, un compuesto químico que puede aparecer durante el tratamiento del agua.
Su funcionamiento es sencillo: al cubrir la superficie, bloquean la luz solar y reducen la evaporación del agua entre un 80% y un 90%. También impiden que se produzca una reacción química entre el cloro y el bromo presentes en el agua, que puede generar bromato, un compuesto potencialmente cancerígeno.
La falta de luz también limita la fotosíntesis y, por tanto, el crecimiento de algas. Esto reduce la necesidad de utilizar productos químicos durante el tratamiento del agua.
Millones de bolas en un solo depósito
Después de las primeras pruebas, el sistema llegó a otros embalses de la ciudad. Elysian, ubicado en Elysian Park, y Upper Stone Canyon, en Bel Air, recibieron millones de esferas en 2009 y 2012, respectivamente.

El despliegue más importante ocurrió en 2015, cuando el Los Angeles Reservoir recibió 96 millones de esferas negras. La instalación ocupó un embalse de aproximadamente 70 hectáreas y concentró el 96% de todas las bolas utilizadas por la ciudad. Gracias a esta medida, se consiguió ahorrar alrededor de 1.000 millones de litros de agua cada año.
No obstante, la fabricación de semejante cantidad de esferas también tuvo un costo ambiental. Algunos estudios señalaron que producirlas requirió inicialmente más agua y energía de la que permitieron ahorrar durante los primeros meses de funcionamiento.
¿Qué ocurrirá con las pelotas de plástico?
Las bolas instaladas en 2015 fueron diseñadas para durar aproximadamente diez años. Por ello, en 2026 están alcanzando el final de su vida útil y algunas comienzan a deteriorarse. Las unidades desgastadas se retiran progresivamente para reciclar el polietileno, un material que puede aprovecharse nuevamente.
Una de las principales dificultades es el costo de reemplazar el sistema. Instalar una cubierta fija sobre una superficie tan extensa supondría una inversión superior a los 250 millones de dólares. Por ahora, las bolas de sombra siguen siendo la alternativa más económica para proteger ese embalse.
Las autoridades también estudian otras posibilidades, entre ellas los paneles solares flotantes. Esta tecnología permitiría bloquear la radiación solar y, al mismo tiempo, producir electricidad para la ciudad.
Sin embargo, todavía no existe un calendario oficial para sustituir completamente las esferas ni una decisión definitiva sobre qué sistema ocupará su lugar.
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